Cuestionario Jonathan Edax: Daniel Duarte de la Vega

¿Cuál fue el libro que destruyó tu inocencia literaria y te dejó emocionalmente disponible solo para personajes ficticios?

Ninguno en particular, o al menos eso creo, fue con Iluminación, un filme de Zanussi. Por supuesto que hice consciencia de ello mucho después, aquella posición científica y racional del protagonista detonó en mí la necesidad de desafiar ciertos límites, sobre todo los de la razón. No un éxtasis beatífico sino una intensificación del pensamiento, dijo el profesor Tatarkiewicz a manera de prólogo; todo un despertar literario (y extraliterario).

¿Qué autor/a te gustaría besar o abrazar y luego golpear con una edición de 800 páginas por arruinarte emocionalmente?

A Blanchot, de ser posible golpearlo y abrazarlo al mismo tiempo. Como vez, me fascinan las continuas subjetividades.

¿Cuál es el libro que dices que «te marcó», pero en realidad solo lo leíste por presión estética?

Digamos que Tractatus lógico-philosophicus, es de ese tipo de libros imprescindibles del cual se pudiera perfectamente prescindir. Libro-trinchera escrito en las trincheras, lógica y filosofía del lenguaje generando una ontología de la interpretación, como si de guerras o paradojas se tratara. El gesto de introducir (sachverhalt tras sachverhalt) un agujero de gusano a la realidad es tan insoportable como revelador… ¿dónde estamos o para qué quiere mi tranquilidad toda esa gente?

¿Qué personaje literario querrías como pareja, aunque sabes que terminarías llorando en una librería con jazz de fondo?

Kinski en versión femenina. Desde esa identidad ingenuo-falocéntrica da la impresión de poder convertirse en casi cualquier cosa. Sobre todo en un personajillo de (hasta Tele) novela.

¿Qué libro consideras «un clásico necesario» pero solo porque te da ansiedad admitir que te aburrió como misa en latín?

Los libros de historia de Herodoto, apenas les he pasado por arribita, pero tengo la firme convicción de que la historia es un cúmulo de fijezas sistematizadas proclives a la manipulación. Botones blandos  de la Stein ofrece una visión (¿histórica?) económica mucho más elegante y confiable, por ejemplo.

¿Cuál es tu lectura secreta de vergüenza?

Al graduarme en la universidad, plena graduación y patética gala (Teatro Karl Marx), con el título venía incluido un ejemplar de El Diario del Che en Bolivia, allí mismo leí 2 ó 3 páginas.

¿Qué autor moderno te resulta tan brillante que lo detestas como se detesta a un/a ex?

Gottlob Frege, un verdadero transgresor, hurga en la matemática con el fin de desplazar los límites del pensamiento un milímetro o dos. En ese mismo punto y como signo de expropiación escucho (recordando), por enésima vez, aquel disco de Freddy (Ella cantaba boleros).

¿En qué momento de tu vida descubriste que subrayar frases no significa que las entiendas?

Subrayo “a conciencia” y aleatoriamente desde siempre cosas que entiendo y que no, sin conflictos.

¿Cuál es la palabra más pretenciosa que has usado para hablar de un libro y así sonar más intelectual?

Burdégano, y fue para molestar de forma pretenciosa, evidentemente, el climax de la conversación (discusión) lo ameritaba.

¿Qué edición de un libro compraste solo porque tenía cantos dorados y parecía un objeto de brujería victoriana?

Cantos dorados: objetos de brujería victoriana.

¿Qué personaje literario usarías para que le diga verdades a tu ego?

Si existiera la posibilidad de fundir en uno a Gaspar Hauser y a El Parmigianino de Autorretrato en espejo convexo, sin dudas fuera él.

¿Qué libro te obligaron a leer en la escuela y ahora finges que amas por trauma y costumbre?

Lo único que leí leí en la escuela fue un ensayo de Ballagas sobre no sé qué bailarín ruso, y lo hice a voluntad. Desde entonces leo mucho y con el mismo espíritu subversivo. O como alguien dijera: con todo haz lo que tengas que hacer.

¿Qué librería física es tu ruina financiera y tu capilla emocional?

En cuestiones de librerías, capillas (emocionales) y asuntos finacieros habría que ver quién arruina a quién. Si viviera en Buenos Aires o Madrid, la lista fuese interminable.

¿Cuál fue la última frase literaria que te hizo decir: «maldito genio»?

Los ríos más profundos no son, en realidad, ríos en absoluto.

¿Has tenido una relación que terminó por diferencias librescas irreconciliables?

Eso de diferencias librescas irreconciliables suena a resignación; ojalá!

¿Cuál es tu lugar favorito para leer como si fueras un personaje de Murakami? ¿Café hípster, ventana lluviosa, cama existencialista? ¿Algún otro?

Leo bajo presión, hasta los no-lugares me resultan apropiados. Apropiado mejor que favorito, Béla Tarr mejor que Murakami.

¿Cuál es el libro que usas para impresionar a gente culta y que jamás has terminado?

Es con Mederox, antítesis de lo culto y refinado (Ra-Hoor-Khuit) con quien suelo involucrarme en situaciones, más menos, de esa índole, a decir: sobre lecturas impresionantes e inconclusas, generalmente teosóficas, y sin más pretenciones que el ejercicio mismo de la hipótesis. Nuestra “meca” es Isis sin velo, sitio al cual, considero, debe uno adentrarse con carácter deportivo, digamos, como se entra a una imagen. Por cierto nada de impresionar, mucho menos a gente culta, dos cosas (aptitudes más bien) a las que me expongo muy poco (para no ser absoluto), y con ninguna seriedad.

¿A qué personaje literario le confiarías tu diario?

Josef Knecht, estaría demasiado ocupado para tenerlo en cuenta.

¿Qué autor muerto invitarías a tu funeral solo para que lea algo devastador y elegante sobre tu mediocridad redimida por el amor a los libros?

Houellebecq sería el ideal, no pudiera ser otro.

¿Cuál fue la peor traición literaria que sufriste? ¿Un mal final, una adaptación atroz, o que tu autor favorito profesara una ideología incompatible con tus principios?

Algo de Ferdydurke  está en “sintonía” con Gargantúa y Partagruel; traición, así, en minúsculas.

¿Cuál es el insulto más refinado que has pensado hacia alguien que dice “no me gusta leer”?

¡Abstemio!

Tienes una pila de libros por leer tan alta que si se cae podría matarte. Aun así, ¿cuál(es) compraste ayer?

Micropolíticas. Cartografías del deseo, de Félix Guattari.

¿Qué libro «profundo» te pareció un fraude elegante lleno de humo, citas sueltas y pseudomística de librería hípster?

Uno técnico sobre la obra de Sergei Eisenstein, de cuyo nombre no puedo (ni quiero) acordarme.

¿Cuándo fue la última vez que leíste algo tan hermoso que reveló algo de ti mismo y quisiste arrancarte los ojos como Edipo?

En Deleuze he hallado una especie de territorio donde todos los estados de ánimos confluyen sin malvadas influencias. Un padre (o algo por el estilo) al cual no tengo necesidad de trascender. No aquello que leí revelando nada en específico sino ¡Deleuze!, eso y no otra cosa.

¿Cuál es tu edición de “libro fetiche”, esa que no prestas, aunque la otra persona te prometa su alma?

Relatos autobiográficos, Editorial Anagrama, de Thomas Bernhard.

¿Qué autor invocarías en una sesión espiritista para preguntarle por qué te dejó con ese final?

Aleister Crowley (Dominus Liminis), de seguro algo espectacular sucedería.

¿Cuál es tu ritual de lectura secreto que te hace sentir que el mundo tiene sentido, aunque sea por diez páginas?

Me reconforta traer a colación el tiempo ese en el que iba de los fragmentos de Heráclito y Parménides a Un bárbaro en Asia (Michaux) como una estereotipia. Ya no, es una lástima, ahora la multiplicidad y el caos se han apoderado de mi yo-lector, pero si de rituales se trata.

¿Qué frase literaria usas para justificar tu adicción a leer en lugar de resolver tus problemas reales?

Si la acción externa es estéril y la rima está anticuada, volveré a ti, Habacuc… El éxtasis proporciona el tema, y la conveniencia determina la forma.

¿Qué libro quema lentamente tu conciencia porque nunca lo terminaste y aun así opinas de él como si fueras crítico del Paris Review?

Ser y tiempo, de Heidegger, aunque se hace evidente que solo divago y cacareo sobre el dasein (estar-ahí), su concepto fundamental.

Si fueras un libro olvidado en una estantería polvorienta, ¿qué frase pondrías en tu contratapa para que alguien, por fin, te elija?

Nacer muy joven a un mundo ya muy viejo.

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