Matriz 1: De la idea a la configuración
Nivel 1 – Método de observación:
En tiempos donde los algoritmos se posicionan como nuevos dioses del pensamiento y la percepción, Reconstrucción de matrices progresivas[1] aparece como artefacto de interferencia. Se filtra en el tejido de las palabras como una disrupción controlada, un sabotaje premeditado que expone grietas ocultas en los sistemas lingüísticos y cognitivos. Ana G. Ramos declina cualquier tipo de promesa de verdad —absoluta o relativa— para escribir desde la duda e introducir un método que, en última instancia, será descubierto solo por el lector. Sus observancias no capturan el núcleo de los textos como ente cerrado, sino como campo de fuerza.
Nivel 2 – Escritura de diseño:
Reconstrucción de matrices progresivas opera como un laboratorio portátil donde el lenguaje es sometido a voltajes extremos: partículas de sentido chocando contra muros de jerga técnica, residuos históricos y ruido cultural. Este no es libro para ser leído, sino monitoreado con equipos de medición electrónica. En “Herramientas open source”, por ejemplo, se mezclan un tumor cerebral y un protocolo de bombardeo celular con la frialdad de un informe técnico. No hay metáfora. Hay trasplante de significado. Sintaxis muestra cicatriz. El “sujeto no instruido para responder” podría ser una línea dentro de unas pautas para ejecutar electroshock o un manual de siembra de plantas mecánicas.
Nivel 3 – Técnica de composición:
El ejercicio de escritura se basa en el montaje. Se yuxtaponen formas, citas, teorías, dibujos y, con ello, se genera un campo expandido de semántica. Más que enseñar a mirar, se proponen modos de componer la mirada. En el libro se afina una ética de la atención: detenerse, insistir, derivar. Funciona como interfaz entre el lenguaje y su propia extinción, un ensamblaje mecánico de símbolos que se ejecutan en un espacio donde el sentido no es recurso tomado en consideración. La poesía aquí no busca belleza. Busca fisuras.
Matriz 2: Del fragmento a la materia
Nivel 1 – Materialidad y gesto:
El uso de fragmentos no intenta crear una totalidad por adición, sino tensar la idea de forma como algo que escapa si se intenta dominar por completo. Hay aplauso implícito al segmento: lo incompleto se vuelve más relevante que lo entero. En este sentido, se hace de la forma un sistema de pliegues que se leen como se lee una magulladura o un edificio abandonado. No hay jerga innecesaria ni ornamento vacío. Cada palabra parece colocada con precisión de mecánico. Y esto no es solo estilo, sino postura ética: se escribe con el cuerpo y hacia el cuerpo. La lectura se vuelve una experiencia física, como si uno pasara las manos por los bordes de una estatua invisible.
Nivel 2 – Tiempo y sintaxis:
El libro está atravesado por una conciencia del tiempo. Las formas no son eternas, sino ruinas en devenir. Reconstrucción de matrices progresivas se detiene en lo que envejece, erosiona o cae. Esa atención a la fragilidad hace del libro una suerte de elegía edificada sobre la repetición, la rotación y la sustitución. Más que hilo conductor, Ana G. Ramos se apoya en un conjunto de estructuras que interactúa como algoritmo. Su sintaxis es una ecuación donde cada verso es pieza intercambiable.
Nivel 3 – Objeto y presencia:
Ana G. Ramos hace sentir la presencia de los textos como cuerpos en el espacio. No se trata de formas abstractas ni esquemas geométricos vacíos, sino de entidades que resisten. Mirar cada texto es respirar su materia. La noción de forma se cruza con la de política espacial: ¿dónde colocar las esculturas lingüísticas?, ¿cómo dialogan con el espacio urbano, institucional o íntimo? Cada emplazamiento es parte de la obra misma. Hay una sensibilidad hacia lo invisible: la sombra que proyecta un objeto, la distancia entre dos figuras, el aire que la rodea. El espacio no es fondo. Es agente: coreografía de fuerzas desconocidas.
Matriz 3: Del remix al lenguaje
Nivel 1 – Anulación del sujeto:
La figura de Jo ―avatar, algoritmo, trabajador precarizado― deambula como un operador fantasma en este sistema. Sus acciones ― “optimizar auriculares para cabezas” ― son protocolos absurdos que revelan la lógica oculta de una suerte de ingeniería inversa de la significación. Cuando “Jo descubre fallos en la práctica” parece describir el método de Ana G. Ramos: abrir el sentido en lugar de cerrarlo, inyectar errores en el sistema para forzar un reset lingüístico.
Nivel 2 – Apropiación del lenguaje:
El reciclaje aquí es táctica central. Las palabras migran de un contexto a otro con exactitud. Los textos, más que conjuntos de versos, se comportan como registros técnicos de un sistema de comunicación en desgaste. Lo que Reconstrucción de matrices progresivas construye no es discurso, sino falla programada. No busca conmover ni emocionar. Es un dispositivo que imita procesos de deterioro cognitivo, una exploración sobre reciclaje del lenguaje en condiciones extremas de información. La poesía no representa la realidad, sino el proceso de su disolución. Cada texto actúa como una unidad de interferencia en un sistema que está condenado a desmoronarse.
Nivel 3 – Análisis de la forma[2]:

Notas
[1] Ana G. Ramos: Reconstrucción de matrices progresivas. Casa Vacía, 2025.
[2] Apropiación del modelo de Matrices Progresivas de Raven para deconstruir el texto “Análisis de la forma”, p.53, empleando un método similar.




