¿Es Yuval Noah Harari un antropólogo de peso? Mi lectura de Sapiens: A Brief History of Humankind me deja con un mal sabor. Voy por partes.
La revolución cognitiva
Según el texto (Capítulo 5), la llamada Revolución Cognitiva (hace unos 70.000 años) se debe a un cambio genético accidental que permitió al Homo sapiens la capacidad única de cooperar en grandes grupos y dominar el planeta. Harari deja claro que la “dominación humana” es negativa.
¿Dominar el planeta? ¡Hipérbole! Son seres rudimentarios luchando por sobrevivir en un ambiente hostil. El retrato del sapiens de Harari como inherentemente violento e intolerante no es ciencia; más bien lloriqueo sapiens mojigato.
La tesis harariana atribuye la revolución a mutaciones genéticas “puras por azar”, pero no especifica qué mutaciones, ni cuántas ni cómo ocurrieron. Su conclusión ignora la complejidad de la evolución del lenguaje y el pensamiento simbólico, que tanto antropólogos como biólogos evolutivos aún debaten sin consenso establecido.
La revolución agrícola
De acuerdo con Harari, la Revolución Agrícola (hace 10.000 años) es el mayor fraude de la historia: empeoró la vida humana aumentando el trabajo, disminuyendo la salud y la diversidad dietética en comparación con los cazadores-recolectores (que pensarían Goethe, Schelling o Heidegger de un campesino que se siente miserable de vivir de la tierra). Detalle curioso: Karl Marx, en El 18 de Brumario pinta al agricultor y su clase como grupo de pequeños dueños conservadores, atrapados en sus parcelas de tierra, encerrados en relaciones de producción arcaicas, heredadas del feudalismo. No los tragaba. ¿Coincidencia ideológica?
La idea, refutada por simplona y sensacionalista, ignora los beneficios a largo plazo. Si bien es cierto que la agricultura trajo desafíos como enfermedades y desigualdad, a la misma vez permitió el crecimiento poblacional masivo, el desarrollo de ciudades, la escritura y las civilizaciones.
El antropólogo Marcus Paul critica que Harari presente “trampas” hipotéticas como hechos indiscutibles, ignorando variaciones regionales —más la evidencia de que los forrajeros también enfrentaban hambrunas y violencia. Además, su narrativa teleológica implica un “error” evolutivo que no corresponde con la selección natural actual. Resumen: La agricultura no fue un “fraude”, en todo caso un trade-off que impulsó el progreso humano.
El mito de la exterminación neandertal
¿Es realmente Homo Sapiens responsable de la exterminación de los neandertales mediante actos deliberados de genocidio? Si bien hay evidencias aisladas de traumas en restos neandertales (fracturas en brazos o una herida de lanza en una costilla en la cueva de Shanidar, Irak), estos no se atribuyen necesariamente al hombre (a no ser que olvidemos accidentes de caza y conflictos internos interspecies).
La evidencia científica actual apunta a un proceso multicausal y gradual, no a un “borrón brutal” repentino.
Moralismo evolutivo agazapado
El capítulo 8 de Sapiens titulado “No hay justicia en la historia” es calamitoso. Abre con una larga lista de horrores: “Las sociedades humanas requieren jerarquías y discriminaciones injustas”. ¡Imagino al historiador de la objetividad del hecho histórico von Ranke revolviéndose en su tumba!
Harari debiera saber que cada presente puntual es un proceso causal emergente e insoslayable de la civilización (de cada época) y no un plan justiciero teledirigido desde una junta de planificación sideral.
Lo que Harari llama peyorativamente “jerarquía racial” no es otra cosa que una forma de coagulamiento social antiquísimo llamado cultura. Imaginen la reacción de un sacerdote egipcio de la corte de Keops en 2000 a. C. ante un mensajero de los beduinos del Sinaí defendiendo la igualdad social del Imperio, o un general ateniense del siglo V a. C. leyendo en una tableta que los persas son «parientes sapiens lejanos de los griegos».
El cul de sac biológico/reduccionista
Sapiens pretende explicar la experiencia humana in toto mediante procesos genéticos, hormonales y neuronales, convirtiendo a las personas en simples algoritmos bioquímicos sin agencia ni trascendencia.
Harari atribuye la conducta a niveles de serotonina o dopamina, a la vez que minimiza el peso de factores culturales, sociales y espirituales. Descarta la mente (en su definición cartesiana) el libre albedrío como ficciones incurriendo en la paradoja de creer que la ciencia —mera descriptora de mecanismos— puede también generar significados y propósitos propios de la esfera humanística.
El fetichismo cientificista salta a la vista cuando Harari “traduce” la igualdad humana de la Declaración de Independencia en argot evolucionista:
Consideramos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres evolucionaron de manera diferente, que nacen con ciertas características mutables y que entre estas están la vida y la búsqueda del placer. (Sapiens, pág. 117).
La distancia entre el párrafo biológico/determinista y la versión original es abismal. Never mind. Para Harari, la igualdad no se cree porque tenga sentido humano, sino para mantener funcionando la maquinaria social. Lo que no encaja, es tratado como “superstición útil”.
Presentismo como falsa moral
El presentismo de Harari es una forma de moralismo mojigato. Presentismo es la idea de moda de contemplar la historia desde el presente (ignorando que el “ahora puntual” es necesariamente superado por cada juicio futuro). Por ejemplo, condenar a Lucius Séneca por tener esclavos durante la Roma imperial cuando la práctica era admitida. Lo mismo en la historia de la ciencia. ¿Qué sentido tiene culpar a los científicos de principios del siglo XIX de atribuir la causa de la Peste Negra a la teoría miasmática?
A las falacias de Harari se podría dedicar un folletín. Sapiens está salpicado de lo que se llama “hechos de contrabando”. Artificios presentando hechos enmascarados como hipótesis «plausibles». ¿Y qué decir del razonamiento analógico falaz de este símil? “Una civilización es de cierto modo como una persona: nace, se desarrolla, florece y luego se extingue”. Ahora llega la conclusión: “Por tanto, una civilización también debe pasar por un período de adolescencia en que se cuestiona toda autoridad” (RISOTADAS).




