Cada día, bajo frágiles remedios, en toda la tierra una parte de la humanidad
pierde sangre de una oscura herida. El asesino es la Luna.
Guido Ceronetti, El silencio del cuerpo
Sanar desciende del latín sanāre, y tiene varios sinónimos: curarse, recuperarse, restablecerse, fortalecerse, reponerse, mejorar, convalecer; y un solo antónimo: enfermar (infirmāre), sin el pronombre reflexivo se que convierte al sujeto y receptor de la acción en una misma entidad. Desde muchas perspectivas, entiéndase verso, antiverso, pie de página, exergo, gráfico, dato, jeroglífico, diagnóstico, posología, historia clínica, fórmula química, otras lenguas… La O recóndita (Editorial Sol Negro. Lima, Perú, 2025), último libro publicado del escritor, periodista y profesor cubano Julio Antonio Molinete, es un procedimiento para sanar, incluso sin la conciencia del elemento coargumental se. Es posible leerlo también como terapia en la búsqueda pertinaz de modelar la enfermedad como artefacto, primero sufrido, luego escrito y finalmente expuesto. La alianza paciente y documento genera un cambio, alivia la angustia. No consigue exactamente la cura, pero sí el paliativo.
Desde el principio, el libro anuncia la lesión en los genes milenarios que disponen el presente: “Es diabetes recóndita. Los niveles altos de glucosa están enterrados en un rincón remoto de la tundra. Y pueden estar ahí durante más de cuatro millones de años. ¿Cuándo aparecen? Cuando se derrite el permafrost debido al bochorno de la tierra (…) Ese día, cuya fecha olvidé, el galeno encontró los restos de un animal prehistórico con altos niveles de glucosa en sangre.” Aunque en verdad, los síntomas estuvieron siempre a la vista de todos, incluso antes del libro, de los balbuceos del poeta, de sus primeros pasos: “Cuenta mi Madre que cuando era un bebé subían a la cuna bibijaguas, santanicas, muerde y huye… hormigas locas.”
Todo apuntaba a los monosacáridos, azúcares simples y esenciales. Pero nadie los (a)notaba como pistas de futuras historias clínico-poéticas, (pre)textos estructurados de un círculo azul, definido símbolo de vida, infinito y continuidad. La O secreta que muchos portan inconscientemente y un día emerge transfigurada en marca de la bestia, casilla obligatoria en cuestionarios, el primer pinchazo del día, la última idea fija al final de la noche. En el caso Molinete, su O particular tuvo la impertinencia de brotar en medio de la pandemia de COVID 19 para mayor (con)fusión del cuerpo y la mente. Era entonces la oscura herida de Ceronetti mezclada con la desolación mundial, su parte por el todo, su ejército de hormigas junto a una avalancha de hechos fatales e inmediatos que lo rodeaban y sumergían.
Desde el primero de los episodios los días sucedieron sin número ni nombre, y el poeta sintió que podía ver a través de las paredes, que era piedra recién molida:
No sé cuánto tiempo duró ese andar de pedrusco a polvo, de polvo a cuerpo humano. Al regresar a mí, apreté los ojos. No quería ver a través de los colores, a través del betún, a través de los ladrillos. Todo esfuerzo fue en vano. También podía ver a través de los párpados. Del otro lado de las pestañas, una mujer masticaba palabras. Sentía el chasquear de su lengua, el chapoteo de su saliva, el flujo de sus pulmones. Seguí como si estuviera dentro de un nicho.
Para el (im)paciente informado llegaron otras formas de existencias porosas entre la realidad y el delirio, términos y parámetros, otra lengua que aprender. Llegaron también nuevos (inter)locutores como el Doctor-Dalí. Figura cuestionable no solo por el largo de su bigote y tics, sino también porque al decir otra vez de Ceronetti: “Descubrir que el médico no es un Dios hace sufrir, porque no conseguiremos abandonar la idea de que existe sobre nosotros la idea de un Dios sanador.” O por la cita incluida en el libro de un ensayo de Lina Meruane: “Que el médico no es un investigador sino un practicante del oficio de los cuerpos. Que no es neutral ni objetivo, que se deja conducir por ideas preconcebidas y contaminadas con nociones sobre el buen comportamiento o por principios que incluso tuercen y retuercen los datos científicos y se apartan del saber.”
A la par de los diálogos con el Doctor (“¿Está seguro de que usted no se droga?, dijo Dalí, con mirada cubista. Sus dedos torcían y torcían la punta derecha del bigote como si afinaran un pincel.”), en La O recóndita persiste otro coloquio, el susurro con Madre que precede sus primeras escrituras. En el caso Molinete, Madre no es personaje sino entelequia. Madre ha estado en su sangre mucho antes de existir, viaja en sus células dulces, sale y entra de su cuerpo físico y literario con fluidez preestablecida. Es sinécdoque permanente, dígase uno, entiéndase el otro. Ni siquiera el mal consigue alterar esta (co)relación:
Presiona mi índice: vio una rosa. presiona dos veces: es amarilla. tres veces: es roja. cuatro veces: es verde. Me frota la yema: debo mirar los pétalos. Un frote breve, sin presión: son pétalos pequeños. Un frote intenso: son grandes, hermosos. Me pincha con su uña el índice: hay una abeja. Me pincha y frota con la uña: hay un colibrí. Me da toquecitos con su uña: está libando, están libando. Somos. Es la fotoquímica. Madre y yo. Nadie sabe.
Si La O recóndita es terapia, su discurso es sanación, o al menos su mejor intento de conseguirlo con recursos sugerentes y a ratos autísticos para referir el repliegue de la personalidad sobre sí misma a través de múltiples representaciones. Todo funciona como pieza exacta del rompecabezas del cuerpo. Ningún detalle es exceso a la hora de describir los padecimientos, de ahí que los lenguajes y sus registros se mezclen de manera natural en el libro. Español, inglés, latín… términos médicos, alimenticios, referenciales, bibliográficos, jeroglíficos, dietéticos, legales… Cada porción del artefacto propone iluminar con documento los espacios que la oscura herida, su O recóndita, ha tomado:
Y comencé a escribirlo todo. Signado. Designado por la. Desmemoria. Elipsis. Tachadura. Enfermedad. Y. Y. Embestido. Por él. Por ella. El vacío. La violencia política del vacío. Atacado por. Él. Ella. La mímesis del hiato. Y. Y. El texto interrumpido. Con. Sin. Ambos. Ambas. Entrambas. Como si. Permiten. Permitieron. Permitirán. Encontrar los. Unir los. Fragmentos de él. Fragmentos de ella. El yo. El ya. El replanteo. Del ya. Del yo. Del cuerpo. Enfermo. Impostor. Hermético. Hermenéutico. Trapero. Trapalero. Buzo. Imán. Esponja. Fósil. Documental.




