¿Cuál fue el libro que destruyó tu inocencia literaria y te dejó emocionalmente disponible solo para personajes ficticios?
Por suerte, mi inocencia literaria sigue intacta y el orbe emotivo de la literatura es, por así decir, solo un pixel en la totalidad del cuadro.
¿Qué autor/a te gustaría besar o abrazar y luego golpear con una edición de 800 páginas por arruinarte emocionalmente?
Creo que Conrad sería un candidato con opciones para una farsa como esa.
¿Cuál es el libro que dices que «te marcó», pero en realidad solo lo leíste por presión estética?
No descarto haber proferido tal cosa, pero no recuerdo un libro. Da igual. Igual te digo que la presión estética me sirve. Y se podría decir, no sin cierta ironía, que justo allí dónde se aplica una presión de algún tipo, cabría esperar una marca.
¿Qué personaje literario querrías como pareja, aunque sabes que terminarías llorando en una librería con jazz de fondo?
La mujer que apareja un guiso de cangrejos en un poema en prosa de Baudelaire. Si de pronto comenzara a cuestionarse de qué mujer estoy hablando yo precisamente, o sea, si tal imagen fuera otro ejemplo de las fantasmagorías de mi mente y, en efecto, no hubiera brotado de las arterias poéticas del vate referido, me sentiría durante algunos minutos muy afortunado.
¿Qué libro consideras «un clásico necesario» pero solo porque te da ansiedad admitir que te aburrió como misa en latín?
Ahora que me acomete un rapto de sinceridad lo digo rápido y sin furia: El castillo, de Kafka. Por alguna razón prefiero sus cuentos. Es posible que de El castillo disfrutara más de un efecto general, de su pátina absurda, pero no del trayecto.
¿Cuál es tu lectura secreta de vergüenza?
Solo si la vergüenza va entrecomillada: El Cancionero de Petrarca.
¿Qué autor moderno te resulta tan brillante que lo detestas como se detesta a un/a ex?
Siempre que por moderno no se quiera contemporáneo, me gustaría decir Joyce, me gustaría decir Valery.
¿En qué momento de tu vida descubriste que subrayar frases no significa que las entiendas?
Puede que ahora mismo. Pero más allá del entendimiento, quién sabe si el impulso de subrayar solapa alguna clase inconsciente de aspiración a un diálogo atemporal, considerando la deriva física a la que están sujetos los libros. Qué se yo. Pero para acabar de aventurarme con esto, una frase subrayada puede ser una botella que zozobra en una sensibilidad inconcebible, con un demonio ciego dentro.
¿Cuál es la palabra más pretenciosa que has usado para hablar de un libro y así sonar más intelectual?
Debo haberla olvidado, junto con el libro.
¿Qué edición de un libro compraste solo porque tenía cantos dorados y parecía un objeto de brujería victoriana?
Un amigo y yo hemos encontrado algún librito insólito, aunque con menos boato. Aquel en específico, que ostentaba autor alguno, había sido repositorio de una suma de poemas (animados por almas de talante tiburonesco, espectros de tabernas roídas por el escorbuto), que en su momento me impactaron. Ignoro qué fue de tan bizarro pliego.
¿Qué personaje literario usarías para que le diga verdades a tu ego?
Para seguir en la cuerda ecológica: Un Ahab trabajado por potentes analgésicos.
¿Qué libro te obligaron a leer en la escuela y ahora finges que amas por trauma y costumbre?
En la escuela lo que NO hice fue leer.
¿Qué librería física es tu ruina financiera y tu capilla emocional?
No existe. Últimamente he purgado entrepaños sin piedad. Los libros físicos que sobrevivieron a mi pequeña inquisición tienen un fin sospechosamente mágico. Bloques totémicos. Desde hace 10 años, o por ahí, llevo una vida plácidamente digital.
¿Cuál fue la última frase literaria que te hizo decir: «maldito genio»?
Lamento no tener ejemplos más frescos, amigo, pero uno del XIX, preocupantemente gótico: (…) «cómo si mi espada hubiera acuñado moneda falsa sobre el cráneo del monje!». El culpable es Aloysius Bertrand.
¿Has tenido una relación que terminó por diferencias librescas irreconciliables?
No. He tenido una relación que, creyendo ver en los libros alguna peregrina modalidad de mi ser, la emprendió con alevosía contra algunos ejemplares precisos. Masacre que, dicho sea al paso, dejara patidifuso y desorientado al Quijote en su cumpleaños 400. Pero fuimos restaurados.
¿Cuál es tu lugar favorito para leer como si fueras un personaje de Murakami? ¿Café hípster, ventana lluviosa, cama existencialista? ¿Algún otro?
La cama es lo mío, con Søren o sin Søren. Se la cambié a un uruguayo en un astillero del Oriente ¡Por una dentadura de Waterloo!
¿Cuál es el libro que usas para impresionar a gente culta y que jamás has terminado?
Creo que no se me pueden atribuir perlas de ese lustre.
¿A qué personaje literario le confiarías tu diario?
Solo le confiaría mi diario a un personaje de mi diario.
¿Qué autor muerto invitarías a tu funeral solo para que lea algo devastador y elegante sobre tu mediocridad redimida por el amor a los libros?
Convidaría sin titubeos a dos: Apuleyo y Rabelais.
¿Cuál fue la peor traición literaria que sufriste? ¿Un mal final, una adaptación atroz, o que tu autor favorito profesara una ideología incompatible con tus principios.
Veamos, sin que esto implique para nada una vida aséptica, despojada de juicio y escala personal, existe la opción de creer que todos los finales están en su sitio y que una adaptación es solo una adaptación, y nada más. Por lo demás, los principios de un autor no determinan hacia él ninguna actitud particular de mi parte.
¿Cuál es el insulto más refinado que has pensado hacia alguien que dice “no me gusta leer”?
Ni idea. Amén de que leer no sea precisamente un deporte que me permita desatender diariamente, de algún modo, y desde hace, que sé yo, ¿varios milenios?, entiendo que hay hoy, por suerte, muy válidas y efectivas alternativas a la lectura. Sin embargo reconozco que, dependiendo de la calidad de la hora, el tipo y el tono del emisor, podría resultarme casi agresivo que alguien me tome por destinatario de confidencia semejante.
Tienes una pila de libros por leer tan alta que si se cae podría matarte. Aun así, ¿cuál(es) compraste ayer?
Como te decía, navego con buen viento por aguas digitales. Es otra lógica, como sabes. Allí, cardúmenes enteros van hasta la puerta de tu camarote y exigen ser devorados. Aunque finalmente una parte muy exigua decorará tu plato. Por otro lado, tampoco fui un comprador impenitente. Robé a mansalva y robaría hoy más si se apoderara de mí la pasión de hace 20 años.
¿Qué libro «profundo» te pareció un fraude elegante lleno de humo, citas sueltas y pseudomística de librería hípster?
Matar al buda, sin dudas. La producción de charlatanes está en franco desborde.
¿Cuándo fue la última vez que leíste algo tan hermoso que reveló algo de ti mismo y quisiste arrancarte los ojos como Edipo?
No sin sonrojarme, y prescindiendo de la clásica vehemencia, Los alimentos terrestres, de Andrés Gide, me provocó alguna vez una intoxicación de ese tipo. Pero después (o antes, no sabría) me ocurre que empiezo a sospechar, de todo. Incluida la propia sospecha.
¿Cuál es tu edición de “libro fetiche”, esa que no prestas, aunque la otra persona te prometa su alma?
Oh, un momento. A cambio de un alma, prestaría cualquier cosa, incluso mi propia alma, con la debida garantía vinculante.
¿Qué autor invocarías en una sesión espiritista para preguntarle por qué te dejó con ese final?
Invocaría a Kafka, y aunque en el fondo no tenga demasiada importancia, solo para escarbar en el por qué fuimos privados de aquellos finales.
¿Cuál es tu ritual de lectura secreto que te hace sentir que el mundo tiene sentido, aunque sea por diez páginas?
Si estuviera dispuesto a llamarle ritual a conquistar un máximo de soledad incontrita, cualquier cosa que esa vaina contenga, ahí tendría mi ritual. Las 10 páginas son muy variables.
¿Qué frase literaria usas para justificar tu adicción a leer en lugar de resolver tus problemas reales?
Si bien de un modo no libre de contradicción, no estoy aquejado de una devoción como la que refieres. Luego no tengo una frase así en la panoplia de los pretextos. Para estar habitado por algún ardor de esa índole necesitaría una nueva configuración de átomos. Suponiendo que esto último sea físicamente lícito, en virtud de los efectos de las nuevas condiciones sobrentendidas, muy probablemente no exista nadie del otro lado del teléfono y el Atlántico deslizando por debajo de mi puerta de Wasap un cuestionario como este, ¡desde Polonia! Así que mejor dejar las cosas como están, amigo.
¿Qué libro quema lentamente tu conciencia porque nunca lo terminaste y aun así opinas de él como si fueras crítico del Paris Review?
Las lecturas truncas tienen prometido mi regreso a Ítaca y, como todo, son susceptibles de cualquier opinión. Otra cosa es ceñirse la casaca del crítico e inflar la gaita.
Si fueras un libro olvidado en una estantería polvorienta, ¿qué frase pondrías en tu contratapa para que alguien, por fin, te elija?
«Para empezar, los perros sí están locos». Eso debería bastar. Pero me temo que muy probablemente seguiré en aquel anaquel varado.





El cinismo lúcido que Camus muestra en sus Carnets: Admirable distanciamiento el de este poeta cuyo budismo sabe mutar, doblar por otras esquinas, leer desde la cama de Onetti.