La vida es sueño (en Tokio)

La vida en Tokio, presumo, es como un constante oráculo. Lo que allí sucede, o eso que se proyecta en alguna porción de la ciudad y que en alguna forma de captura llega a nosotros, trae reflejos de lo que habrá de suceder pronto en Occidente. ¿O ya estaba aquí primero? Comencemos con un pasaje del genial Haruki Murakami, uno que llevo anotado ya hace un tiempo en mi libreta negra: “En este mundo hay a quien le gusta saber los horarios de los medios de transporte y se pasa el día comprobándolos. También hay quien hace barcos de un metro de largo encolando palillos”. Es de su Tokio blues, y me hizo recordarlo una fotografía que vi hace poco del artista y viajero suizo Nicolas Bouvier.

Nunca fui a Tokio ni a ningún otro lugar de Asia. Me encantaría, por supuesto. Aun así, en las imágenes de Bouvier uno puede sentir algo de eso que no se revela en los folletos de las agencias ni en los documentales típicos. La foto en cuestión suele encontrarse titulada como “Early train in Tokyo” y es de 1964. Visiblemente cerca de veinte hombres, vestidos con trajes prácticamente iguales, dormidos en los asientos de un tren. El vagón completo. Uno de ellos con barbijo (hecho resignificado hoy), otros caídos contra el respaldo opuesto, agolpados, entregados a sí mismos como un cargamento de materia prima. Es el hombre productivo en su máxima expresión. Los rostros en blanco y negro no muestran un cansancio normal sino algo muy cercano a la muerte. Al fondo de la escena se advierte un mapa de las líneas de transporte, único signo de un lenguaje que se ha economizado tan solo a lo necesario. Es una de las imágenes más antipoéticas que he visto.

En su libro Crónica japonesa (versión en lengua original de 1975), Bouvier dice: “El taxi que debía esperarnos desapareció. De regreso por la callejuela encontré al chofer adormecido en una pequeña tienda de comestibles, entre las tinajas de col agria y nabos en salmuera que humeaban bajo la incipiente noche” (traducción de Glenn Gallardo y Martín Schifino). La entrada está fechada el 24 de febrero de 1964. Pienso nuevamente en la epidemia del sueño. ¿Qué es lo que ocurre?

Dos años después, en el 66, los Beatles cantaban “I’m Only Sleeping” en el álbum Revolver: “Everybody seems to think I’m lazy / I don’t mind, I think they’re crazy / Runnin’ everywhere at such a speed / ‘Til they find there’s no need (there’s no need) // Please, don’t spoil my day / I’m miles away / And after all / I’m only sleeping”. Qué letra maravillosa, John. Como dando vuelta el sentido de la foto de Bouvier, Lennon elige asociar el dormir a la pausa, contrariando el mecanicismo humano. El sueño es a contracorriente, no una consecuencia de la opresión. Dialogando con ese rasgo del hippismo que fue la vida lenta (bajarse para mirar cómo las ruedas giran) y espiritual. Los trabajadores de la fotografía olvidaron los principios del zazen, esa detención radical y plena de presente.

Sin necesidad de estirar demasiado estas reflexiones, es fácil trasponer la idea y llegar a la siguiente conclusión: para la escritura de literatura, el autor también debe acercarse a una filosofía que le permita detenerse a tiempo y desplazar la mirada de la corriente antes de que sus ojos sean víctimas del agobio del reloj.

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