Tsimtsum

Antes del principio, antes de que se pudiera hablar de tiempo, hubo un espacio completamente vacío de Dios. Hay muchas palabras para describir cómo surgió esa región, una especie de esfera cósmica: contracción, concentración, limitación,repliegue. Los cabalistas del siglo XVI —el siglo de Lutero, Santa Teresa y Jakob Böhme— prefirieron el término tsimtsum.

Isaac Luria, un rabino de la entonces próspera ciudad de Safed, en Galilea, enseñó a sus discípulos que antes de crear el mundo, Yhwh había tenido que autolimitarse —y por tanto contener su omnipotencia y su ubicuidad— y abrir un espacio dentro de sí. Envuelto por Dios, pero vacío de él, en ese espacio fue creado el universo. Luria no escribió una palabra al respecto. Pertenecía a la tradición socrática de la enseñanza. Fueron sus discípulos quienes moldearon, reinterpretaron y fijaron la doctrina.

Seguir el desarrollo del tsimtsum desde las visiones de Luria hasta el arte y la literatura moderna —unos cuatro siglos de tradición— ha sido la obra de la vida de Christoph Schulte, erudito alemán especializado en la cultura judía y en especial la cábala. Tsimtsum, editado por Atalanta (cuyo catálogo sobre ciencia, espiritualidad y esoterismo es indispensable para comprender el siglo XXI), contiene décadas de investigación sobre una idea que es fundamental en la mística hebrea.

¿Por qué Yhwh se repliega sobre sí mismo? ¿Qué implicaciones morales tiene el hecho de que Dios se haya retirado, autovaciado, contraído? Uno no puede evitar pensar en Dios como un monstruo planetario, Cthulhu o Tiamat, que abre dentro de sí un lugar para fundar el cosmos. Dios como una magnitud inconcebible que se curva, se comprime para dar paso a la existencia. ¿Cómo es esa existencia? Jaim Vital, el primer discípulo de Luria que escribe su doctrina, imagina que de la superficie de la esfera abierta por el tsimtsum baja un hilo de la luz de Ein Sof —lo Infinito—, y del hilo emanan los diez famosos sefirot o mundos de la cábala.

El grabado de esas diez esferas (Malkut, Yesod, Hod, Nezah, Tiferet, Gevurah, Gedullah, Binah, Hokmah y Keter) es muy conocido en literatura. Representado como un árbol, abre El péndulo de Foucault de Umberto Eco y estructura Genios de Harold Bloom, se menciona en libros y películas, y es el pilar por excelencia de la cábala.

Vital no quería que la doctrina de su maestro Luria fuera de conocimiento público. Fue educado en la dimensión privada de la mística y se pasó la vida, como Kafka, escribiendo y guardando sus libros. En 1586, ya viejo, sufría desvanecimientos frecuentes y un rabino, Yehoshua ben Nun, le pagó cincuenta monedas de oro a su hermano para que lo dejara copiar sus escritos. Tras uno de los desmayos, un pelotón de escribas llegó a casa de Vital, sacó los libros de la gaveta y garabateó lo que pudo. El tsimtsum comenzó su larga andadura con ese furtum sacrum.

También formaba parte de la enseñanza de Luria el surgimiento del Adam Kadmon, el hombre primordial —el primer gólem, como observará luego Gershom Scholem— cuyo cuerpo canaliza la luz de Dios. Ese cuerpo recibe la emanación divina y la distribuye a receptáculos cada vez más difíciles de imaginar. La luz es tan intolerable para todo lo que no sea Yhwh que los receptáculos acaban por romperse. Surge así el mal en el mundo: por un exceso de la divinidad, que provoca que la llegada de la luz al universo no sea homogénea.

El primer cosmos, por tanto, está hecho añicos y —según los cabalistas— hará falta al final un proceso de restauración, un regreso a Ein Sof. De alguna manera es la operación contraria al tsimtsum, el tikún, el retorno a la luz. (En el siglo III, Orígenes de Alejandría afirmó que en el final de los tiempos se produciría la apocatástasis, es decir, la restauración de todos los seres, incluyendo el Diablo, a su punto inicial: Dios).

Pero el tsimtsum de Vital no es el único heredado por Luria. Con Israel Sarug, otro de sus grandes discípulos, la cábala sale de Galilea y se difunde por todo el mundo. Sarug imagina la contracción de Dios con otros detalles, por ejemplo, la presencia de un manto divino tejido a partir de la combinación de las letras del alfabeto hebreo. Para él, el tsimtsum es, en cierto modo, una metáfora, una construcción del lenguaje.

De Vital y Sarug salen visiones contrapuestas del vacío de Dios: lo real y lo metafórico. Ese contrapunto demostró ser sumamente creativo e inspiró a filósofos, teólogos, arquitectos, artistas y escritores. El libro de Schulte recoge en detalle cada una de esas ramificaciones, incluso aquellas que han querido ver en el tsimtsum el antepasado de la prosa técnica con la que se expresa hoy la física cuántica. Tanto Newton como Spinoza reflexionaron sobre el concepto, y cierta teología cristiana llegó a identificar al Adam Kadmon con Cristo.

Scholem, a quien se le debe el rescate y un estudio científico casi insuperable de la cábala, redondeó la doctrina del tsimtsum y muchos lectores la recibieron él. Leído por Scholem, hasta Kafka parte de la nada para crear su mundo, pertenece a la tradición del vacío. Varias veces exiliado, el gran estudioso de la mística judía vio también en el tsimtsumun símbolo del exilio del propio Yhwh.

Marginado por los suyos, como Spinoza o decenas de heterodoxos judíos a lo largo de la historia, Scholem encarna como nadie la nefasta relación entre cultura y política. A día de hoy, cuando se produce una cancelación de la cultura judía (identificada burdamente con un gobierno o incluso un país), la publicación de Tsimtsum es un gesto valiente. Condenada quizás al fracaso y a la incomprensión, la obra de Schulte llega a las estanterías para recordar que la cultura es superior a la barbarie, no importa de qué bando.

1 comentario en “Tsimtsum”

  1. Jose F Prats-Sariol

    De eso se trata, saber lateral, desafíos… Lezama hablaba del «rasguño en la piedra» como único método para actuar en nuestras circunstancias. Cualesquiera que estas sean, como inteligentemente escribe Xavier Carbonell en la frase final.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio