Civitas y periferia: poesía como cartografía urbana

Asentamiento en la civilidad  (Casa Vacía, 2023) se presenta como un manual de guerrilla urbana camuflado bajo la apariencia de un poemario. A través de versos que aparentan tratar temas de arquitectura y cotidianidad, el texto ejecuta un ataque coordinado contra tres pilares del discurso oficial: los mitos del progreso socialista, la retórica de la “obra colectiva” y la dicotomía artificial entre civitas y periferia.

Youre Merino construye un mapa lingüístico de la ciudad contemporánea, donde lo poético y lo político se funden en un mismo gesto: trazar coordenadas sobre el espacio vivido, habitado y, sobre todo, disputado. Su escritura no busca el conversacionalismo tradicional, sino una suerte de realismo crítico que se nutre tanto de la antipoesía como de la estética del hip-hop y la cultura urbana. El resultado es un poemario que funciona como una bitácora de viaje por los márgenes de la civilización, donde cada verso es una anotación sobre la resistencia.

La ciudad no es abordada como escenario, sino como organismo vivo, herido y contradictorio. El túnel de 7 km que separa la costa de los suburbios se convierte en metáfora de un tránsito perpetuo entre lo oficial y lo marginal, entre lo planificado y lo espontáneo. El camello rosa desmonta la utopía; es el sujeto: bestia de carga dentro de un sistema que glorifica la autarquía mientras niega cualquier desplazamiento real.

La anatomía de Alamar —ese emblema de la arquitectura socialista cubana— no es casual: es el telón de fondo de una meditación más amplia sobre cómo se construyen —y desmontan— los relatos de pertenencia. La poesía aquí no es ornamento, sino herramienta de medición, como el sonido del cincel que marca el hormigón antes de romperlo:

Afronivel, mundalamar ruido:
el punto le sirve de alarma
el chanchullero, el mangrullo…

A lo largo del libro, se emplea como recurso la jerga de los burócratas para desnudar la violencia implícita en la planificación estatal. Muchos de los versos parodian eslóganes, mientras que la imagen del Cristo de Alamar caminando sin ser reconocido por la gente  revela un mesías proletario, una especie de fantasma del Hombre Nuevo vagando por suburbios postcomunistas.

El armamento lingüístico de los textos opera mediante apropiación y distorsión de términos oficiales: las jornadas de licitación son munición primaria, la repetición obsesiva de los nichos son balas perforadoras contra el lenguaje institucional; y los glitches  sintácticos, como rajando la legna están, funcionan como sabotaje.

Las zonas de conflicto se extienden a espacios cotidianos convertidos en teatros del absurdo: los urinarios  donde un Hamlet hace cola para el pan, el mostrador donde la despachadora limpia la fórmica de poemas y los edificios colocados en el paisaje se sitúan en la intersección entre estética y territorio para mostrar cómo el arte y el poder queman sus propias imágenes.

El libro no es un manifiesto, pero tampoco una elegía. No es refugio, sino registro de un proyecto que se ha reducido a un sample de metáforas gastadas. Sin embargo, no hay nihilismo en esta mirada, sino una obstinada voluntad de hacer apuntes sobre lo que queda en pie o resurge en forma de monstruos —hermosos o terribles— entre los escombros. Merino desmitifica el lenguaje. Si Parra desmontaba la solemnidad literaria con humor ácido, Youre lo hace con frases que imitan el ritmo burocrático:

jornadas de licitación
vendrán
con el despliegue de la soberanía

Pero su mirada no es solo irónica; también está permeada de conceptualismo, arte matérico y objet trouvé. Los poemas están llenos de objetos cotidianos que dejan de ser inertes para volverse testigos incómodos. El acto más trivial se carga de tensión política: el ciudadano común haciendo una tarea común como si se tratase de la Odisea es la imagen perfecta del individuo atrapado entre el drama personal y el absurdo colectivo.

El hip-hop aparece como un elemento clave, no solo en las referencias explícitas a grupos cubanos del under, sino en la estructura misma de los poemas. Versos cortos, repeticiones que imitan el sampling y un ritmo que oscila entre la denuncia y el escepticismo. En la sección Movimiento de máquinas (poetas del este), Merino se apropia de la pose del MC para construir una voz que rechaza el elogio institucional. No hay sentimentalismo, solo el gesto de picotear las costras del discurso oficial.

En conclusión, Asentamiento en la civilidad  es un virus poético que infecta el lenguaje del institucionalismo usando sus propias palabras, se replica en zonas grises —Alamar, microbrigadas, hip-hop— y detona al llegar a lectores con sistema inmunológico debilitado. Los versos del poema final,

Hacer un camino recto para nosotros.
Mal que les pese a quienes trazan nuevas
que se saben viejas implicaciones

revelan el núcleo del artefacto: la poesía como atajo en un mapa censurado.

Es, en última instancia, un ejercicio de cartografía poética. Merino no ofrece algo nuevo, pero traza con precisión las grietas por donde se cuela la vida real. Su poesía es menos un canto que un plano de arquitectura en ruinas, donde cada verso es una marca en la pared, una señal de que alguien estuvo aquí, midiendo el desastre.

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