La construcción del mito intelectual

Cortázar, en su antológico ensayo Para llegar a Lezama plantea que “leer a Lezama es una de las tareas más arduas y con frecuencia más irritantes que puedan darse”; sin embargo, comprender a Lezama Lima presupone también reconstruir un pasaje literario, una estructura de pensamiento, pero, sobre todo, reconstruir la territorialidad del autor, los modos a partir de los cuales este ha sido publicado, distribuido o, sencillamente, desmantelado de los anaqueles públicos. José Lezama Lima: una biografía. Años de formación (1910–1939), de Ernesto Hernández Busto pone en perspectiva muchos de estos elementos al dimensionar minuciosamente el proceso formativo de uno de los escritores de culto a los que, entre detractores o fieles, es imposible ser indiferente.

Hernández Busto comienza su libro con una aseveración contundente: “sin una comprensión del siglo XIX cubano es imposible entender la obra y la figura de Lezama”[1]. Esta idea que aparece al final de la introducción orienta no solo el estudio, sino también toda posible interpelación futura en lo relativo a la cultura y al pensamiento en Cuba. Un balance riguroso del siglo XIX, incluso del siglo XVIII cubano, debería contribuir a despejar los fuegos fatuos que tanto humo han generado y, sobre todo, la percepción en torno a una “tradición” que no es crítica y mucho menos sistémica.

Isaiah Berlin decía que: “La historia del pensamiento consiste, por lo tanto, en una larga serie de parricidios, en la que las nuevas disciplinas tratan de lograr la libertad matando al padre y erradicando de sí mismas cualquier rastro de los problemas «filosóficos», es decir, del tipo de preguntas que no contienen en su estructura indicaciones claras de técnicas para lograr su propia solución”[2]. Una vez más, un balance riguroso de los siglos XIX y XVIII cubanos nos ayudaría irremediablemente a identificar esa figura paterna —para liquidarla— o, sencillamente, reconocer una orfandad paternal que prefigura un destino.

Sin duda alguna, José Lezama Lima: una biografía. Años de formación (1910–1939) es un libro generacional. Y lo es porque solo a través de un proceso de filtración de la memoria y de acceso al archivo —eso que Salvador Paniker llama retroprogresión— se puede dar cuenta de un autor que se ha deslizado por un sendero tan estrecho, resbaladizo y vertiginoso como el de una navaja; un autor que ha habitado el abismo, metáfora del remolino de Caribdis y del monstruo Scila. Creo que aquí radican las tres claves fundamentales que forman la arquitectura de este proyecto vital. Y digo vital no solo por lo voluminoso de la investigación, sino por el estilo de la escritura del libro. Quienes hemos leído alguno de sus libros anteriores[3] comprendemos que en este texto el estilo está en función de un proyecto, saliendo —si así pudiera decirse— del ensayo literario para adentrarse en el campo de lo biográfico como género. En cualquiera de los escenarios, el libro termina siendo una entidad tutelar en torno a un autor totémico.

A través de un cuidadoso trabajo documental, el autor reconstruye las dimensiones de una obra que se nutre esencialmente de la memoria. Los años de formación (1910-1939), es decir, la infancia, la adolescencia y la primera juventud, se convierten en el espacio de un diálogo con un entorno familiar conservador, una madre posesiva[4], las reyertas familiares en torno a una herencia, el linaje militar, la trascendental muerte del padre, sus primeras lecturas y la experiencia homosexual. Esta compleja trama de vicisitudes nutre —tempranamente— en Lezama Lima su exploración en el reino de la imagen. La pérdida de la figura paterna, la trascendencia y una búsqueda de un orden superior configuran un imaginario cuyo centro es el entorno familiar y la ausencia como ejes simbólicos. Estos emplazamientos colocan a la escritura del texto en una tensión entre el Lezama histórico y el místico y al mismo tiempo entre psicologismo e historicismo. De lo que se trata es de acercarse a la vida de un hombre que, desde temprano, se concebía a sí mismo como un proyecto literario.

No podría decirse que José Lezama Lima: una biografía. Años de formación (1910–1939) es una simple reconstrucción cronológica; en todo caso, Hernández Busto propone intervenir en la interpretación histórica, de ahí el valor y la búsqueda apegada al archivo como monumento y revelación, convirtiendo la historia en historia cultural. Más que narrar una vida, el autor intenta deconstruir, corregir y complejizar —en un sentido positivo, es decir, mostrar una trama de relaciones— la imagen petrificada del escritor cubano muchas veces reducida intencionalmente a una figura hermética, barroca y políticamente neutral. Más que una vaca sagrada, el Lezama de Hernández Busto —como el mismo ha dicho— tiene más de buey profano.

El manejo del archivo que propone el autor cumple al menos tres funciones importantes. Primero, muestra un rigor académico; segundo, disputa las versiones previas divulgadas por sectores de la crítica cubana vinculados a interpretaciones oficiales de la revista Orígenes; y tercero, presenta un cuerpo referencial que necesita ser anotado por el lector. El archivo epistolar, los testimonios familiares, los documentos inéditos, los recortes de periódicos y una extensa bibliografía no son el cuerpo de una biografía en el sentido tradicional, son más bien el intento por escribir una historia cultural. Por eso el modo tan perspicaz con que Hernández Busto interpela a ciertos lectores y discípulos del escritor que han contribuido a sustentar una imagen despolitizada y casi sacralizada del autor con la sola intención de sublimar las contradicciones, tensiones y ambigüedades de Lezama como sujeto histórico.

Aunque lo biográfico prevalece como arquitectura, no podría afirmarse que el texto puede ser reducido a este género; el libro articula lo biográfico —como revisión crítica del canon cubano— así como el ensayo cultural y la crítica historiográfica, analizando los contextos y cómo estos influyeron en los años de formación intelectual de Lezama. El hecho de distanciarse de las lecturas hagiográficas que han presentado a Lezama Lima como un escritor aislado de las tensiones ideológicas y culturales de su tiempo, habla de la voluntad de situar al autor de Paradiso dentro de una compleja red donde las disputas familiares, políticas, culturales y estéticas terminan conformando una sensibilidad.

Cada uno de los nodos de esta red es un libro potencial que debe ser escrito. Cada una de las relaciones que el autor presenta como elementos formativos debe ser abordada como estudio colateral y comparativo. Pienso que Hernández Busto lo hace con todo propósito, mostrando una metodología para futuras investigaciones. Por ejemplo, la relación entre Lezama y su madre, Rosa Lima, aparece como uno de los núcleos decisivos de la formación afectiva, emocional e intelectual del autor de “Muerte de Narciso”; sin embargo, se ha señalado —y tuve la misma percepción— que la personalidad materna —que aparece como dominante en mucho de los pasajes del libro— queda relativamente fragmentada. Lo que ocurre es que este tipo de relaciones son temas para libros cuyo objeto debe estar circunscrito y establecido en una metodología. Lo mismo acontece con las interpretaciones psicoanalíticas que Hernández Busto evade para evitar convertir la biografía en una exploración psicológica.

Al mismo tiempo, la presencia de Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, María Zambrano, la influencia de Ortega y Gasset, es decir, la presencia española —que Nora Catelli llama bulímica y vomitiva— ofrece una lectura transatlántica de la cultura cubana, alejándose de enfoques nacionalistas y de excepcionalidad intelectual. Y esto es relevante porque cuestiona ese carácter individual y lo entroniza en un sistema de mediaciones culturales. Lo que hace a Lezama es precisamente esa interacción entre lecturas, amigos, revistas, polémicas y herencias intelectuales.

Desmontando los mitos culturales mediante la recuperación del archivo y la contextualización histórica, Hernández Busto intenta mostrar los mecanismos sociales y culturales que hicieron posible la emergencia de Lezama Lima como escritor. Sin embargo, la acumulación de datos, referencias y análisis de contextos produce en ciertos pasajes una sensación de saturación documental. El libro parece debatirse entre dos impulsos indispensables: narrar una vida y reconstruir una historia intelectual de Cuba. Tengo la sensación de que cuando prevalece el segundo objetivo, la figura de Lezama se diluye en panoramas históricos que ralentizan el ritmo narrativo. Algo similar ocurre con El soviet caribeño, de César Reynel Aguilera.

Finalmente, Hernández Busto se enfrenta a una paradoja profunda: escribir sobre Lezama implica necesariamente enfrentarse a un autor que constantemente ficcionó su propia vida. Incluso, enfrentarse a una biografía sobre Lezama significa tropezar con el hecho mismo de que Lezama no se entusiasmaba con el género; llegó incluso a decir casi de forma apodíctica: “No tengo biografía ninguna”… “Vivo en lo que queda al pasar el espejo”. Para quien carece de biografía porque prefiere convertir su existencia en una dimensión verbal y mítica, un dialogo con las autofiguraciones presentes en sus ensayos, poemas y sobre todo en Paradiso y Oppiano Licario es indispensable. La cuestión está en discernir entre historia, referencias y ficciones, es decir, cómo la escritura recrea literariamente esas experiencias. Lezama Lima, que tanto ficcionó su propia existencia, quizás sea el mejor ejemplo de cómo la artificialidad se apodera del pensamiento en Cuba; un pensamiento que, mellado de orfandad, más que una Tumba sin sosiego, construye un cenofatio, es decir, una tumba vacía.

 


[1] Hernández Busto, E. (2025). José Lezama Lima: Una biografía. Años de formación (1910–1939). Editorial Pre-Textos, p. 40.
[2] Berlin, I. (2017). El poder de las ideas: Ensayos escogidos (H. Hardy, Ed.; R. Ramos Fontecoba & A. Limeres, Trad.). Página Indómita p. 83.
[3] Véase Hernández Busto, E. (2022). Mito y revuelta. Fisonomías del escritor reaccionario. Turner.
[4] Hernández Busto, E. (2025). Véanse las páginas 210, 215, 218,

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