Berliozianas: ‘Le Cygne’ (1886)

Agonía de cuello largo y vibrato bajo sospecha, Le Cygne —penúltimo movimiento de Le carnaval des animaux— es el fetiche de los melómanos que confunden la melancolía con el espectáculo. Una elegía para violonchelo y piano que desfila con la parsimonia del último sobreviviente de un naufragio emocional. Saint-Saëns lo compuso en apenas unas horas, entre compromisos sociales y desplantes de genio, como si despachar una obra maestra fuera parte de su higiene matinal.

Desde el primer compás, la atmósfera desprende una tragedia contenida. El piano se limita a flotar en arpegios transparentes, despejando el escenario para que el violonchelo —lánguido, arrastrado, deliberadamente melodramático— haga su entrada. Ya para entonces, estamos de lleno en la representación sonora de un cisne que exhala su último aliento al ralentí, pero que asegura retocarse el maquillaje antes de caer.

La pieza es tan hermosa que no hay una sola nota en ella que ignore su propia belleza. Cada frase melódica parece ensayada frente al espejo; cada glissando está colocado con la teatralidad de quien desea llorar sin estropear el peinado. Mientras Debussy nos hacía sospechar que la belleza podía ser un accidente involuntario, Saint-Saëns nos recuerda que también puede ser profundamente vanidosa.

Presa de la ubicuidad, Le Cygne se ha invocado para todo: ballets, cortometrajes, funerales y funciones escolares de niños que se deslizan por el escenario fingiendo una hondura que aún no poseen. Un movimiento que sido víctima de su propia dignidad; lo han domesticado hasta despojarlo de su condición de arte para convertirlo en atrezzo de un sufrimiento de boutique.

Y a pesar de los pesares,  Le Cygne permanece, sobreviviendo al mal gusto, al sobreuso y a nosotros. Porque al final el cisne no muere, simplemente se retira. Se marcha con su cuello largo, su fraseo impecable y esa superioridad pasivo-agresiva que solo los verdaderos narcisistas saben ejecutar sin salirse jamás del tempo.

 


Imagen: Cisne  (1914), de Hilma af Klint.


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