Pervertir la realidad

Acaso sin proponérselo, con Malincuor  (2025), la selectiva editorial Casa Vacía celebra los sesenta años del poeta, ensayista y editor peruano Maurizio Medo. Celebra asimismo a un promotor de lo fragmentario como fractura, ecos, retazos… de la contemporaneidad.

Enmarcado a simple vista en el testimonio de la obviedad cotidiana, el también autor de Manicomio, Backstage… entrecruza escenarios culturales diversos para exponer incluso lo inacabado de algunos textos, lo que son y lo que pueden ser. Malincuor es un libro síntesis —no de despedida— que confirma una poética peculiar, avivada y definida más por el camino que por la meta.

Al tomar Malincuor como título, Medo se reafirma además en el contraste, donde pasado y presente terminan superponiéndose. La molestia que pudiera afectarle al sujeto lírico por extrañar demasiado algo, es no obstante una proyección ajena a la melancolía. Mas, ¿cómo hablar bien de tiempos duros sin manifestar resentimientos? En virtud de la memoria y sobre todo de la imaginación, el protagonista dialoga con la historia. Aunque sabe que la poesía no sobreviene para eso. Ahora se trata de trabar no lo exacto y comprobable, sino cuanto puede ser pervertido, en rigor, para hacerlo más real. ¿Real? En el apartado 21 escribe:

Mejor me despercudo y tarjo otra línea:

murió mi madre.

¿Digo mejor que se transformó en canción?

Mamá no ha muerto.

Está conmigo.

Me toma de la mano huérfana, dos veces madre

y entierro al niño que un día me soñó.

Ahora está oscuro.

Yo también soy esa canción.

¿Qué es lo real y cuando penetran los territorios de la imaginación? Al escribirse en Malincuor sobre el padre, al lector se le declara: «El lenguaje, pensaba él, es inútil si lo que uno busca es conocer la verdad, ya que apenas permite una aproximación desesperada, la cual será siempre dudosa». Repercute entonces lo efímero versus lo imperecedero. Pero, qué es, en principio, lo imperecedero ante el atropello e intranquilidad de las imágenes. ¿Qué son las imágenes sino nuestras maneras múltiples de mirarlas? Imágenes en la reconstrucción de la memoria o asentamiento del olvido que apenas se menciona: predomina por ¿supuesta ausencia? «Lo que se recuerda es lo que no está». Escritura de la posibilidad incluso desde la distancia: «Hoy sostenemos un diálogo surgido con la ausencia que discurre en el presente,/ abismado en el infinitivo de la evocación,/ la misma que me obliga a advertirles:/ mejor no vengan a mi casa».

En cuanto al extenso prólogo del uruguayo Eduardo Espina sobre la poesía contemporánea, no solo es aceptable por su amenidad sino por saber insertar a tiempo las particularidades estimadas en los poemas de Medo. En un momento confiesa: «Lo fácil asimilable y supuestamente inteligente en una primera lectura librada de exigencias está en boga».

A propósito del prólogo —tal vez prescindible por influyente— le cuesta a uno a veces reacomodar su propia cadena de imágenes o siquiera el derrumbe de estas. El propio Medo dice:

Nací en el último vagón de un tren llamado Europa.

No fue así exactamente, pero me hubiera gustado co­menzar con una frase de ese calibre, una cuyo estrépito resulte muy similar al sonido de una dambura que rompe el estricto silencio de los montes balcánicos.

A lo anterior se le suma el peso de las palabras de Espina en su balance prologal, caso de cuando reconoce en Medo: «Lo visual resuena en lo audi­tivo. Por consiguiente, la acústica del esfuerzo acentúa la ve­racidad de planos en apariencia incompatibles. Lírica óptica, óptima acústica que se diversifica por semejanzas. Medo al habla. Aló, Aló. Oigamos con él». Se hace difícil luego escribir. En el intento de una reseña, puede estarse a punto de abandonar un prólogo de tamaña envergadura y lucidez. Dejarlo para el final. Hubiera sido quizás lo más conveniente. Mas tienta terminar su lectura.

Asunto caro a la escritura de Medo es su atención a la arquitectura del libro, cuya estructura por ejemplo pone a veces en entredicho («La idea que concierne a mi padre debió estar al principio del libro») o cuando más adelante vuelve a exponerse: «El editor observó que repetí 9 veces héroe. Si soy reiterativo no es por euforia, no consigo traicionar mis ideales. Intento convencerme: es por escéptico».

La hechura del libro es atendida también por el registro fotográfico, que explaya el diálogo o mejor: el juego con la memoria de la memoria que es la fotografía como sucedánea de la reconstrucción vivencial. Con todo lo que de iniciativa e inventiva supone. La iniciativa e inventiva no son sino sinónimos de la ocurrencia imaginativa o imaginación ocurrente, ficcional. ¿No es siempre la imaginación un impulso de la ocurrencia? Las ocurrencias de Medo se asientan, como es sabido, en los insistentes retruécanos superpuestos como interferencias. Pero la imaginación para él es advertir cuanto mira para reacomodar lo imprevisto de lo cotidiano, de lo supuestamente común y habitual a ojos del espectador como su concepción directa e indirecta sobre el paisaje: personas como paisajes en agraz o reconfigurándose de continuo. El paisaje asimismo como presente y pasado, como espacios culturales determinados —véase en él las referencias cinematográficas no solo como meros recuerdos sino cual alegorías ontológicas—; la historia y la propia escritura como paisaje: Todos los idiomas se precipitaron a mi encuentro, aunque nin­guno supo decirme bienvenido, iluminando la perspectiva que alguna vez les prometieron.

Prosa que remeda los apuntes diarísticos, la instancia efímera con avideces de perdurabilidad de los momentos biográficos, la escritura epistolar. Párrafos como fragmentos de relatos. Oraciones como junta a ratos de respuestas sin preguntas.

La Remington fue mi primer juguete. Fabricaba presentes.

Mamá se perdió en los bosques de Loano.

Había estallado la guerra.

Jamás regresó.

No como era.

La Remington se ensambló por esa misma época.

Después —o desde el inicio— el salto de la experiencia externa e interna de una atmósfera por ejemplo a la relación con lo(s) demás. Y, por supuesto, el tiempo en sus variables escenarios y ¡claro!: el tren como vehículo, espacio, trayecto, sueño… metáfora del transcurrir de la vida.

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