Cuestionario Jonathan Edax: J.L. Serrano

¿Cuál fue el libro que destruyó tu inocencia literaria y te dejó emocionalmente disponible solo para personajes ficticios?

Robinson Crusoe, sin lugar a dudas, tendría nueve o diez años cuando lo leí por primera vez.

¿Qué autor/a te gustaría besar o abrazar y luego golpear con una edición de 800 páginas por arruinarte emocionalmente?

Me gustaría besar y abrazar a la Maga. Y luego golpear a Julio Cortázar con la edición príncipe de Rayuela. Es un libro que despierta una clase de añoranza que puede resultar muy nociva.

¿Cuál es el libro que dices que «te marcó», pero en realidad solo lo leíste por presión estética?

Me habían dicho que Ferdydurke era descomunal y estuve una semana leyéndolo. Luego defendí ese libro en algunos círculos, aunque en mi subconsciente se abría paso una pulsión oscura. Al poco tiempo me leí Cosmos, Pornografía, Bakakai y los diarios… ¡ejemplares magníficos! Quién quita que vuelva sobre Ferdydurke y cambie de opinión.

¿Qué personaje literario querrías como pareja, aunque sabes que terminarías llorando en una librería con jazz de fondo?

El fondo de jazz me hizo pensar en cierto personaje femenino del Club de la Serpiente, pero no quiero ser reiterativo.

¿Qué libro consideras «un clásico necesario» pero solo porque te da ansiedad admitir que te aburrió como misa en latín?

La Divina Comedia. Cientos de páginas sobrevoladas con piloto automático. Los cantos de Dante no disponen de la tracción épica que tienen los de Homero. Los hechos de la guerra de Troya son traducibles. No ocurre lo mismo con el Dante. Su grandeza no está tanto en los hechos que relata, sino en la tensión soportada por cada uno de los endecasílabos que integran la colosal estructura. Y eso no es apreciable en las versiones castellanas. He logrado paliar la situación leyendo a Dante de carambola. Rastreando su influencia en otros autores, escuchando a quienes descendieron al Tártaro y regresaron para contarlo.

¿Cuál es tu lectura secreta de vergüenza?

Confieso que de vez en vez frecuento páginas de Emilio Salgari. No hay que ser Sigmund Freud para darse cuenta que se trata de una lectura traumática, extraliteraria.

¿Qué autor moderno te resulta tan brillante que lo detestas como se detesta un/a ex?

Michel Houellebecq, por haber escrito novelas como Plataforma y Las partículas elementales.

¿En qué momento de tu vida descubriste que subrayar frases no significa que las entiendas?

No hay necesidad de resaltar lo que se entiende. Marco aquello sobre lo cual debo volver. No puedo leer sin un bolígrafo a mano. Subrayo, circulo, pongo entre paréntesis, escribo al margen.

¿Cuál es la palabra más pretenciosa que has usado para hablar de un libro y así sonar más intelectual?

Los intelectuales me ponen los pelos de punta. Prefiero sonar como un individuo común y corriente.

¿Qué edición de un libro compraste solo porque tenía cantos dorados y parecía un objeto de brujería victoriana?

Es que no soy un bibliófilo. No puedes imaginar la cantidad de libros que la suerte ha alejado siempre de mí.

¿Qué personaje literario usarías para que le diga verdades a tu ego?

Harry Haller.

¿Qué libro te obligaron a leer en la escuela y ahora finges que amas por trauma y costumbre?

Un solo libro he leído por exigencia docente: Papá Goriot. Esa novela me allanó el camino para llegar a Dostoievski. Haber comenzado a leer a Dostoievski en el preuniversitario es algo que le debo a Goriot.

¿Qué librería física es tu ruina financiera y tu capilla emocional?

No he gastado mucho en libros. He tenido buenos amigos que han puesto a mi disposición las lecturas necesarias en el momento justo.

¿Cuál fue la última frase literaria que te hizo decir: «maldito genio»?

Al decir “frase literaria” estás condicionando mi respuesta. Me enfilas hacia lo narrativo o, tal vez, al ensayo. Sin embargo, creo que esas excepciones del lenguaje se producen con mayor intensidad y altura dentro de la poesía. Y cuando digo “intensidad y altura” ya estoy respondiendo tu pregunta.

¿Has tenido una relación que terminó por diferencias librescas irreconciliables?

Supongo que no, pero quién sabe.

¿Cuál es tu lugar favorito para leer como si fueras un personaje de Murakami? ¿Café hípster, ventana lluviosa, cama existencialista? ¿Algún otro?

El libro que no me pueda llevar a la cama no existe.

¿Cuál es el libro que usas para impresionar a gente culta y que jamás has terminado?

La gente verdaderamente culta no se deja sugestionar con imposturas.

¿A qué personaje literario le confiarías tu diario?

A cualquier personaje de Roberto Bolaño.

¿Qué autor muerto invitarías a tu funeral solo para que lea algo devastador y elegante sobre tu mediocridad redimida por el amor a los libros?

Me da un poco de repelús esta pregunta, pero si me presionas diría que a Samuel Beckett.

¿Cuál fue la peor traición literaria que sufriste? ¿Un mal final, una adaptación atroz, o que tu autor favorito profesara una ideología incompatible con tus principios?

Si descontamos las inevitables tergiversaciones cinematográficas de que han sido objeto, creo que nunca me he sentido traicionado por mis autores de cabecera.

¿Cuál es el insulto más refinado que has pensado hacia alguien que dice “no me gusta leer”?

Una persona que no lee está blindada contra refinamientos. Habría que insultarla de otra manera, tal vez le diría una frase como esta: “bajanda, esto es cien pa’ bajo, es bajanda”.

Tienes una pila de libros por leer tan alta que si se cae podría matarte. Aun así, ¿cuál(es) compraste ayer?

El último PDF que entró en mi carpeta de pendientes es Almas grises, de Philippe Claudel.

¿Qué libro «profundo» te pareció un fraude elegante lleno de humo, citas sueltas y pseudomística de librería hípster?

Me vas a matar, pero quiero ser sincero: El canon occidental. Después que leí Anatomía de la crítica y Mímesis, lo de Bloom me pareció bastante light, la verdad.

¿Cuándo fue la última vez que leíste algo tan hermoso que reveló algo de ti mismo y quisiste arrancarte los ojos como Edipo?

Vallejo, Rimbaud, Dostoievski, Lezama, Pound… me han obsequiado toneladas métricas de belleza. Son territorios que necesito seguir explorando. Así que no pienso arrancarme los ojos como Edipo y espero que Dios, con su magnífica ironía, me permita seguir leyendo pase lo que pase.

¿Cuál es tu edición de “libro fetiche”, esa que no prestas, aunque la otra persona te prometa su alma?

Tengo algunos libros, muy subrayados, de los cuales no quisiera desprenderme. Ninguno se ha convertido en fetiche o talismán. Regalo libros muy queridos con extraordinaria facilidad.

¿Qué autor invocarías en una sesión espiritista para preguntarle por qué te dejó con ese final?

Me gustaría discutir algunos finales de soneto con Julio Herrera y Reissig.

¿Cuál es tu ritual de lectura secreto que te hace sentir que el mundo tiene sentido, aunque sea por diez páginas?

No es un ritual propiamente; pero, cuando me siento desequilibrado, abro un libro al azar y leo aquí y allá. Unas pocas líneas de buena literatura producen efectos similares a un shot de tequila.

¿Qué frase literaria usas para justificar tu adicción a leer en lugar de resolver tus problemas reales?

Murió mi eternidad y estoy velándola.

¿Qué libro quema lentamente tu conciencia porque nunca lo terminaste y aun así opinas de él como si fueras crítico del Paris Review?

Me faltan por leer algunos tomos de En busca del tiempo perdido. Las partes que conozco me permiten calibrar el tamaño de mi ignorancia. Lamentablemente, Marcel Proust es un autor que exige condiciones mínimas indispensables para su lectura.

Si fueras un libro olvidado en una estantería polvorienta, ¿qué frase pondrías en tu contratapa para que alguien, por fin, te elija?

Nadie elige un libro por lo que se diga en la contratapa.

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