‘Los alivios de Casandra’: Melancolía y espejismos cortesanos

La edición crítica de Los alivios de Casandra, de Alonso de Castillo Solórzano, preparada por Andrea Bresadola (Grupo Editorial Sial Pigmalión, Madrid, 2020), ofrece una lectura rigurosa y contextualizada de una obra fundamental del barroco español. Publicada originalmente en 1640 por Jaime Romeu en Barcelona, esta obra reúne cinco novelas breves y una comedia, organizadas dentro de un marco boccacciano donde Casandra, una aristócrata milanesa sumida en profunda melancolía, se traslada a una quinta a orillas del Po junto a su padre, el marqués Ludovico, y su séquito. En este ambiente cortesano, las damas narran al atardecer sus historias, reservando el último relato para la representación teatral de El mayorazgo figura, completando así una experiencia literaria multifacética que incluye música, poesía y danza.

Alonso de Castillo Solórzano (Tordesillas, 1584 – probablemente Italia, ca. 1648), fue un narrador prolífico del Siglo de Oro cuya biografía es fragmentaria, aunque su asentamiento en Madrid a partir de 1619 y su posterior etapa en Zaragoza aportan contexto a su obra. Su producción, muy valorada por contemporáneos como Lope de Vega y María de Zayas, combina la picaresca con el virtuosismo narrativo, evidenciado en este libro a través de relatos protagonizados por nobles caballeros y damas en episodios de intriga amorosa y fortuna caprichosa, tales como La confusión de una noche  o Amor con amor se paga. La comedia que cierra el conjunto introduce un contrapunto grotesco y satírico mediante la figura del criado Marino, una suerte de “figurón” que parodia la falsa erudición y despierta la risa.

El relato En el delito el remedio  es particularmente relevante por ser un lipograma escrito sin la vocal “a”, un recurso retórico que Castillo Solórzano cultiva con maestría, convirtiéndose en pionero de este juego lingüístico de gran dificultad y complejidad estética. Esta singularidad constituye el mayor alarde formal de la obra y uno de los hitos del barroco en términos de experimentación literaria, mostrando la rebeldía y agudeza del autor frente a las normas lingüísticas tradicionales.

Desde el punto de vista estilístico, la prosa de Los alivios de Casandra  se inscribe en la tradición barroca mediante un lenguaje denso y elaborado, con uso sistemático de hipérbatos, antítesis y perífrasis. Este virtuosismo puede compararse con la prosa isabelina de Ben Jonson (1572–1637), quien en su obra en prosa también conjugó precisión retórica, ironía y complejidad expresiva para explorar la condición humana y social. Castillo Solórzano, al igual que Jonson, maneja la ornamentación verbal para modular tonos y crear múltiples niveles interpretativos, consolidando así un estilo complejo y eficaz. Esta edición crítica, con su exhaustividad y rigor, se presenta como una herramienta indispensable para el estudio detallado de un autor esencial en la literatura barroca española.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio