Manzoni
A Manzoni, el esfuerzo de creer íntegramente en la Iglesia, de aceptar, siendo tan crítico, sus dogmas, le habrá costado tanto que le facilitó, como un trabajo menor, la creación de un estilo de inigualable dificultad.
A los contagios más obtusos, la escritura manzoniana opone el sutil pero inexpugnable diafragma de la persecución irónica del error humano y de la inagotable paciencia introspectiva sobre los hechos que lo propagan.
Maravillosamente indigesto a cualquier charlatanería intelectual: esto puede bastar para la soledad y la invencibilidad de un escritor.
La cobardía complicada del corazón es superada en Manzoni por la intrepidez indagadora y definidora de la mente. Entre Leopardi que, humanamente, señala el desprecio como arma defensiva hacia sí mismo, hacia el débil, hacia el sensible, y Manzoni que enseña, casi un arte marcial como el tiro con arco cuyos planos superpuestos revelan a un maestro japonés, el internarse en la mirabile corruttela que somos, el andar por el lazareto humano como abbagliato da tante piaghe (¡asombroso adjetivo!) —el maestro más difícil, y también el más poético, es Manzoni. Y quien se adentra en lo más difícil, es el maestro mejor.
Marcial
Aunque sea un clásico no indispensable, para quien busque el diálogo con la vida y la muerte fuera de las desconcertantes máscaras de la costumbre y del juego, no está prohibido refinar el gusto y distraerse un momento de los males presentes contra los que nada podemos, fumando alguna hoja preciosa y espiando, como conocedores, la delicadeza de las floreadas.
Mata Hari
Bailarina de Oriente, ni asesina
Ni virgen. Mártir, más o menos… La venganza
De la trinchera exhausta, sobre una pluma.
Merlín
Era un magnífico mago, con una túnica acolchada como un tapiz, que esparcía un delicioso olor de antigua y rica villa de campo. Merlín olía a cornisas, a cera, a sofás, a recuerdos, a colchones de crin, a humedad, a sillones altos, a aparadores, a ropa blanca, a clavos de olor, a velas encendidas, por la noche.
Mesías
El Mesías no viene.
«¿Pero por qué debería venir?»
«No lo sé».
Moro (Aldo)
He aquí un problema interesante: ¿un papa verdaderamente grande habría obtenido la liberación de Moro, simplemente diciendo «yo lo quiero»?
Moisés
En los diarios de 1921, Franz Kafka explica la imposibilidad para Moisés de llegar a Canaán «no porque su vida fuera demasiado breve, sino porque era una vida humana». Moisés es el legislador que no puede conocer la ley, el agrimensor que nunca podrá entrar en el Castillo. Aunque su vida hubiera durado ciento veinte años muchas veces más, siempre habría sido una vida humana, que no es sino desierto, sin la paz de la Tierra Deliciosa. Su viaje se ha repetido infinitas veces, y siempre Moisés ha llegado a ver Canaán, el lugar indecible, sólo desde la frontera de Moab.
Y si Moisés, que es las doce tribus, que es todo el pueblo, los vivos y los muertos, incluso los niños asesinados en Egipto, no llegó a Canaán, también el pueblo está detenido con él, y duerme en una tumba desconocida, en la frontera de Moab, y no puede entrar en Canaán. Ninguno de nosotros llegará jamás a donde no pudo llegar Moisés.
Munch
El grito de Munch puede definirse como una revelación acústica, registrada figurativamente.
Mussolini
Era el especialista del cuadrante de las Horas Históricas, no acababa nunca, una obsesión, pero dudo que de historia, y de Italia moderna, entendiera algo. Venía del socialismo, ¡una pésima escuela de pensamiento!
He vuelto a escuchar algunas de las prédicas mussolinianas, en los discos, y pasada la embriaguez, su desnudez de botella vaciada es de una deprimente tristeza. ¿El Hombre del Destino hablaba de ese modo, con aquel acento? Debe de serme del todo indiferente, porque no logro excitarme con alguna conjetura original sobre cómo y por qué encarnó, en aquellos años equivocados, algo, y hasta a un pueblo entero.
Napoleón
Pero luego, ¿quién fue, lo sabremos? La refracta
Sombra apeada, silueta
Lejana con el célebre perfil,
De una luz enfangada y dolorosa
Es el feto abandonado. Ruinas
De templo y templos, vaso para una rosa
Puso pasando la hora.
Nostradamus
Desde 1557 circulan las Centurias de Nostradamus, en las que una barbuda Sibila cristiana ha sellado en un documento cifrado las catástrofes finales del segundo milenio después de Cristo, aquellas en las que ya estamos desde hace tiempo, y descifrar a Nostradamus no es divertido… Con razón, nunca como en estos años sus oráculos han tenido tanta fortuna y tantos intérpretes. ¡Vale la pena gastar fatiga en ello…! Nos esforzamos por exorcizarlos, no hablan de ellos ni papas ni presidentes (nefas?), pero nuestros delirios temporales hormiguean todos allí dentro, en las diez Centurias, llenan su cifrado contorsionado de impresionante anuncio…
Su casi inasible oscuridad oracular hace que a menudo nuestras interpretaciones giren en vacío, en especial cuando se trata, en el enredo de visiones del que emerge la historia anticipada de nuestro siglo, de separar lo que ya ha quedado atrás (alivio) de lo que amenaza con caérsenos encima, entre hoy y mañana. A veces amasado de opacidad, a veces, bajo un velo disipable filológicamente con facilidad, preciso como un disparo.
Horacio
Huye, Horacio, si eres de carne y si eres todo alma. Horacio es Limbo, ni de aquí ni de allá. Una llave de oro en el vacío. Ha rarefactado todo, ha llegado a los confines extremos del Verso.
Horacio como casa y cena, amistad y trabajo, resignación y superación, fidelidad integral de la palabra transmitida al calor mediano del cuerpo, al estado normal del corazón. He aquí firme, cordial, único en esta lengua lejana que ya no puede morir.
Horacio no me alegra, en verdad me petrifica. Ese su vagabundeo por el suk suburbano o el Esquilino, anotando el precio de legumbres y farro, es admirable, pero me hace sudar melancolía… Ese uespertinumque pererro / saepe forum (el Foro del crepúsculo, invadido por magos, teatrillos, saltimbanquis, buñuelitos fritos, heladeros, cínicos drogados, travestidos) y el regreso a casa, a un plato de puerros y garbanzos (Sat. sexta), contiene reservas de desgarramientos y punzadas vespertinas para muchos siglos.
Rembrandt
En los pliegues de los mantos de Rembrandt se anida la humanidad entera con su drama eterno; cuanto más rarefacta es la luz sobre la tela, tanto mayor es la iluminación que de esa sensible oscuridad emana.
Con algunos miles de millones de liras es posible llevarse un Rembrandt a casa, pero quedaría fuera la luz de Rembrandt, que es un mensaje no negociable de lo trascendente.
Rimbaud
«Yo soy realmente de ultratumba», declara Arthur, y hay que creerle: «Tenía bien otras cosas que hacer que vivir».
Safo
¿Quién sabe si Safo, en el célebre fragmento, contempla en lo íntimo el paso de las Horas vacías en la arena de un reloj, o si sigue su camino confiándose de verdad a la luna y a las Pléyades?
Šalamov
La inmensidad y la intensidad del dolor que expresan los relatos de Šalamov no son tolerables para el lector común: le faltan incluso las ideas para la comparación —la experiencia del frío de la Kolyma y de la fealdad soviética de Moscú, del infinito Feo Soviético. Sólo puede comprenderse si hay mucha alma.
San Juan de la Cruz
Asustado de haber escrito versos cegadores de luz, los sepultaba bajo montañas de terrones de comentario.
Seferis
Le falta un quid a la poesía de Seferis, que la hace defectuosa y fascinante, buscable, extrañamente remota y actual, llena de dolor histórico, de despojos marinos y arqueológicos… Poesía de estatuas mutiladas: si fueran enteras tendrían menos charme. Pero deja inciertos, insatisfechos, a causa de esa carencia por la cual uno se siente atraído. (Quizá mi poesía cause el mismo efecto, cuando lo tiene).
Sironi
En la Lámpara de Mario Sironi, en Brera, un maniquí femenino, con la cabeza inclinada hacia abajo, roza con el movimiento de su brazo la bombilla encendida, que ilumina tenuemente una mesa verde sobre la cual descansa una pirámide de madera, de esas que se usan para experimentar un espacio sustraído a la corruptibilidad. Junto a la mesa, una silla Thonet. El maniquí calza zapatos blancos de tacón alto.
Una ventana se abre al vacío: una calle, un cielo nocturno que ninguna luz alcanza a iluminar. «No tendréis otra luz que esta, de ahora en adelante», dice el maniquí: «una lámpara no alimentada por ningún olivo, una razón amputada del corazón…». Alma cerrada y ardua la de Sironi: mientras los demás jugaban con la metafísica, él la vivía y la transfiguraba en dolor.
Spinoza
Spinoza reía, alguna que otra vez, pero intenta reír dentro de su sistema. Allí la risa está prohibida por guardianes angélicos, que al menor atisbo de ella temen de inmediato una ofensa a la perfección de Dios, que no produce error ni pecado ni deformidad ni mueca alguna de la que se pueda reír. Por la misma razón, en esa perfección absoluta no hay nada de puramente humano que permita bañar con nuestras pobres lágrimas.
Algunas verdades spinozianas son las mismas que las de la poesía y la novela: no deseamos una cosa porque la consideramos buena, la consideramos buena porque la deseamos.
Tolstói
Durante siete días el gran Tolstói contó con la asistencia de un jefe de estación.
Su agonía tuvo un consuelo acústico único: el repiqueteo del telégrafo a hilos, el paso de los trenes por Ostápovo.
Ungaretti
Si Ungaretti se perdió antes de lo justo, hay una explicación: fue poeta solamente…
Y nosotros aquí, entre fuego y fuego, tenemos, tendremos siempre más sed de un refrigerio de pensamiento, de faroles rojos en la mina incendiada que guíen hacia fuera, que interpreten en visión el mundo para librarnos de él, para que el poetante Camino nos disuelva del mortal abrazo fenoménico con unos pocos acordes extraños sobre la incomprendida Indefinición.
Van Gogh
Aquí, entre el azul y el amarillo, el disparo fue hecho.
Una vida de sufrimiento, de fatiga, de convulsiones, de paciencia, de entusiasmo y de desilusiones sin fin. Siempre en el potro, bajo los azotes del Destino, burlado por la Fortuna, forzado por el Dios que da más pena a quien más ama, a hundirse mágicamente en los secretos de su creación —olvidando poco a poco la condición obrera que lo había obsesionado, para no escuchar ya sino el gemido telúrico, el respiro del Ser, para humillarse soberanamente en la pasión del ciprés, en el alma de una silla de paja, en el rapto de los girasoles.
Una vida de dolor, sin la vulgaridad de una tregua, de un descuento, que podemos envidiarle, nosotros, ex burgueses, ex obreros, nosotros que el rechazo del sufrimiento de vivir condena a rendirnos a la sobrina de la tiniebla y del mal.
Verne (Jules)
Verne no es irónico, crea mitos.
Zola
Leo y releo a Zola para reencontrar lo bueno, lo múltiple, lo infinito concreto, como descanso frente a lo irónico y lo satírico, porque el corazón chapotea a lo ancho, con desfachatada tolerancia de estremecimientos y de lágrimas, para dejarme alcanzar y arrollar intensamente por la piedad y por la vida.
Fragmentos de La fragilità del pensare (BUR Biblioteca Univ. Rizzoli, 2000).
Traducción del italiano: Rafael Cienfuegos Lamberti.
Imagen: Stone Operation (Allegory of Touch) (1624), de Rembrandt.




