La lírica cubana intenta entrar a una cárcel de Miami

En estos días extraños —donde las leyes viajan más rápido que los libros—, un volumen de poesía contemporánea cubana permanece en cuarentena institucional en una prisión del condado de Miami-Dade. El tomo, antología elegante y afilada como machete, reúne versos de Soleida Ríos, Carlos Augusto Alfonso, Legna Rodríguez Iglesias, Oscar Cruz, Jamila Medina y Reina María Rodríguez, entre otros sospechosos habituales de la versificación incómoda.

Pero su travesía terminó antes de comenzar: fue decomisado, retenido como si ocultara contrabando ideológico o melodías cifradas. Su destinatario no es otro que el reguetonero Yosvanis Sierra, alias Chocolate MC, rey del reparto y, aparentemente, aspirante a lector de poesía en ambientes poco propicios a la introspección.

¿Cuál es el crimen del libro? ¿Demasiado hermético para las paredes de la celda? ¿Ser una mala influencia para un recluso? ¿Demasiado cubano para el sur de la Florida? ¿Demasiado libre para un entorno tan… corregido?

“Yo no sé quiénes p**ga son esa gente”, declaró Chocolate al enterarse de la confiscación, con esa elocuencia visceral que haría las delicias de un Baudelaire nacido en Centro Habana. “¡Pero tengo mis derechos!”, agregó. Y razón no le falta, porque estar preso —por causas más o menos convencionales como sustancias indebidas, conflictos físicos y reconfiguración no autorizada de propiedades ajenas— no debería impedir el acceso a un buen poema bajo luz fluorescente.

El volumen fue detenido por la autoridad penitenciaria, con el argumento de que debía ser revisado primero por el oficial encargado de esos menesteres, una figura nebulosa que recuerda a los antiguos comisarios de cultura de otras islas. No queda claro si el censor es un funcionario con afán de protagonismo o un lector secreto atrapado en la burocracia, pero el hecho es que el libro no ha llegado a las manos del llamado “Rey del Reparto”.

“Si me dejan poner a Legna con base de reguetón, se cae la prisión”, dijo Chocolate con una sonrisa que, según testigos, mezclaba ironía con genuino entusiasmo. “¿Tú te imaginas a la Soleida esa dándolo todo y poniéndola como es sobre una pista de DJ Yordy?… Eso también tiene su sentido, ¿no?”, expresó el repartero haciendo uso de su llamada telefónica diaria como recluso.

Chocolate es también un ferviente fanático del béisbol, lo que podría explicar la confusión inicial en torno al libro. Su título, The Cuban Team, invita a pensar en una obra dedicada al otrora pasatiempo nacional cubano, cuando en realidad se trata de una antología de poetas de la Isla. Años atrás, un grupo de salseros cubanos se reunió en La Habana bajo ese mismo nombre, pero, aunque ha confesado que su ídolo de infancia fue José Luis Cortés (El Tosco), Chocolate no tenía intención alguna de leer algo relacionado con la timba. “Lo mío ha sido siempre la poesía, tú sabe, ir alante con eso”, dijo.

Desde el mundo literario, las reacciones no se han hecho esperar. Un crítico anónimo —que pidió resguardo por temor a ser empacado junto con el libro como parte de una red de tráfico de metáforas— declaró: “Esto solo confirma lo que siempre hemos sospechado: la poesía es peligrosa y más en estos tiempos de derechización. Entra a donde no la llaman, cuestiona el orden, y ahora —aparentemente— también necesita pasar por un detector de metales ideológicos”.

Mientras tanto, el libro continúa retenido, quizá bajo observación, como si los versos de Oscar Cruz fueran una forma especialmente sofisticada de conspiración caribeña. ¿Logrará la poesía colarse entre barrotes, ritmos y burocracia? ¿O será este el comienzo de un nuevo género: el reguetón lírico con reminiscencias de barroco carcelario?

En cualquier caso, la literatura cubana acaba de sumar otro hito de subversión canónica: ahora también representa un riesgo para la seguridad penitenciaria del sur de la Florida. Y no toda literatura puede presumir de eso.

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