Lo sagrado y lo profano

El reciente libro de poemas de Roger Santiváñez, Virgen de Guadalupe, sigue la estela de sus características incursiones en el terreno sacro del lenguaje. Para el autor, la escritura es un sacramento, un acto de fe y de resurrección. En tal sentido, la poesía linda, colinda y convive con la dualidad que se establece entre lo sagrado y lo profano. Los poemas surgen de la vivencia mundana y son tratados y retratados como una experiencia religiosa, una percepción que tiende hacia lo divino, evitando ofrecer una definición exacta de ello. Empero, no es hacia el alma a donde se dirige Santiváñez, sino hacia el cuerpo, hacia la amada, atravesándolos y confiriéndoles un aura celeste a través de la poesía. En sus versos podemos apreciar esta sólida amalgama entre lo espiritual y lo corporal. Por ejemplo, en el segundo poema de la serie, leemos:

Sustitución del mimbre por el miembro

Armado e innombrado & elección de la

Más fina entrada, allí los bordes

Pueden ondular perpendicular & culear

[…]

Aquí la brisa viene de ti, sutil marino

Perfume exhala su misterio, levísimo

Aprendiz del viento me sostiene erguido

Una marca clásica en la poética de Santiváñez es la asociación de palabras por su sonoridad. La finura de su oído abre otra vía de significados, reformula versos a través de la musicalidad, la rima, la homonimia, la paronimia y la homofonía. Estos recursos ayudan a expandir el sentido del poema. Lo eleva y aleja de la trivialidad, lo enriquece a través de la ambigüedad y la polisemia. En pocas palabras, lleva al lenguaje hacia el misterio, hacia el terreno de lo sacrum o, como él mismo lo versifica: “Subsistir en la brisa de un estilo / Alado condimento intermitente consumido”. En su poesía, la contemplación y la admiración hacia el cuerpo femenino elevan la voz poética y la hacen ascender a otro nivel; es en este estado maravillado donde la voz poetiza a su amada. Ella lo acerca hacia el misterio, hacia lo sagrado, como ocurría con los trovadores medievales:

Cascadas de sosiego centraban tu

Corazón envolvente en el misterio

Reunido sin ráfagas desoladas / solo

El susurro más cristalino / brote

Imperturbable de tu belleza sin calzón

Intangible surtiendo con pericia imágenes

Alojadas en la desesperación de mi arrechura

Compruebo la adoración que viene de ti

El “estilo” aludido por Roger Santiváñez es denso, muy trabajado tanto rítmica como semánticamente. No habría de olvidar el lector el derrotero estilístico del autor: desde su pistoletazo inicial con el coloquialismo y la temática urbana, para recalibrar su mirada y su propia búsqueda que lo llevaron a desviarse hacia la poesía neobarroca, pasando por una versificación de corte más religioso, sin caer en el espiritualismo. De ahí que este libro condense muy bien su constante evolución y mutación poética, donde la palabra genera símbolos, algunos de los cuales escapan a la comprensión del lector. Como apunta muy bien Tania Favela en el prólogo de Virgen de Guadalupe:

No sé exactamente a qué se refiere con ese ‘estilo alado’, pero leyendo su libro, me parece que su manera de escribir simula una danza en la superficie de la lengua, hay algo también de elevación y caída en el ritmo que va trazando. Las palabras encuentran, por decirlo así, el ritmo de su deseo: ese proyectarse para tratar de alcanzar lo inalcanzable. Los referentes se diluyen, se trastocan, toda mención nombra y a la vez se escabulle, alza vuelo.

A modo de conclusión, resulta inevitable preguntarse qué lugar ocupa Virgen de Guadalupe en la extensa y variada obra de Santiváñez. No cabe duda de que es la reafirmación de un estilo que ha sido labrado a lo largo de una intensa búsqueda. En muchos aspectos este libro muestra mayor madurez en cuanto al manejo retórico y semántico del lenguaje: las palabras suenan y resuenan, significan y resignifican. Es, ciertamente, menos experimental que sus anteriores poemarios, pero sin dejar nunca de lado la curiosidad y el trabajo lingüístico. Su orientación hacia el enigma de lo sacro da cuenta de una poesía que tiende hacia la elevación, un poetizar en donde el verbo no solo señala, sino que levita.

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