Cuestionario Jonathan Edax: Marelys Valencia

¿Qué libro arruinó para siempre tu capacidad de disfrutar literatura “ligera”?

2666 hizo mi mundo un poco más denso. Y necesité luego arruinar esa densidad, aligerar el peso.  Si mal no recuerdo, después leí Todos se van. Honestamente, me ha sucedido que libros a los que se les suele temer, me han resultado de un placer indescriptible. Me pasó con Bolaño, pero no con Lispector. Después de leerme La pasión según G. H., y tratar de entender desde la página uno a la no sé cuántos por qué y cómo la narradora, fenomenológicamente, decide comerse una cucaracha, me pareció casi ligera, friendly, Los detectives salvajes (esta es mi novela de cabecera).

¿Qué autor/a te gustaría invitar a cenar, solo para llevarle la contraria durante tres horas?

A Javier Marías. Se me ocurre llamarlo el Freud de la literatura. Me inquieta la manera en que imaginó a las mujeres en sus novelas. A veces me desarma por su agudeza, pero a veces también me petrifica su arrogancia y por eso diseñaría un plan similar al que le endilga el protagonista de Corazón tan blanco a la cubana que él observa petulantemente desde su habitación de hotel en La Habana. Sería, digamos, un plan novelesco: invito a cenar a Marías junto a su protagonista de Corazón…y me convierto en la asesina de ambos; dejo para último al autor, cuya especulación de apertura en su novela más notable es que una cubana, y no su amante extranjero, busca librarse de la esposa enferma de este. Mi asesinato sería una estocada literaria, por supuesto (ironía metaliteraria). Ya Javier Marías está muerto y aunque siguiera vivo, no me atrevería a tanto.

¿Qué libro fingiste haber leído con más convicción?

Ninguno. Soy de las que si no se ha leído algo lo dice sin recato. Aunque me parece que en cierta ocasión afirmé haber leído Naked Lunch.  Aún no lo he empezado.

¿Qué personaje literario matarías tú mismo?

Creo que ya lo dije. Y ya, no puedo matar a nadie más. Me acusarían de asesina en serie. Hay que tener cuidado en estos tiempos.

¿Qué libro “clásico” consideras un castigo de lectura y aun así lo defiendes en público?

To the Lighthouse (Virginia Woolf). No puedo con el modernismo y su río de conciencia. Me ahoga.

¿Cuál es tu placer culpable literario, ese que escondes detrás de una falsa copia de Proust?

He leído La sombra del viento (Carlos Ruiz Zafón), y no me siento culpable. Leí con placer casi hasta el final, recorrí curiosa esa Barcelona majestuosa que de pronto se la tragaban las sombras. Literatura ligera –se diría–, pero los personajes están bien pensados.

¿Qué libro tratas como objeto sagrado, pero cuya primera página sigue más virgen que tu Kindle nuevo?

Si lo considero sagrado, al menos llego a las primeras treinta, aunque me cueste.

¿Con qué autor intercambiarías vidas, aunque sea solo para tener una beca en la Sorbona?

Me cancelan si lo/a menciono.

¿Cuál es la librería que más dinero te ha robado con tu consentimiento?

Amazon. Antes, en Cuba, robaba yo. Me enseñó un profesional:-), en las ferias del libro de La  Habana.

¿Qué libros has empezado más de tres veces sin pasar de la página 40?  

The Grapes of Wrath.

¿Qué frase en latín usas para sonar profundo, aunque ni sepas bien qué significa? 

No suelo usar frases en latín.

¿A qué personaje literario querrías como terapeuta, sabiendo que te arruinaría emocionalmente?

A Tomas (La insoportable levedad del ser). Me cautivan su inteligencia y actitud lúdica –el deseo de (in)consistencia. Si fuera mi terapeuta sucedería lo siguiente, en este orden: primero, intentaría seducirlo y, luego, al no conseguir mi propósito (ya pasé la edad en que podría resultarle atractiva) entraríamos en un juego dialéctico que no llevaría a ninguna parte. Sería el resultado lógico, nunca he creído en las terapias.

¿Cuál es la edición más absurda que compraste solo por estética?

No compro libros por su estética. Nunca he adquirido una edición de lujo. Sí me regalaron una serie de lujo de la enciclopedia hispánica británica y la perdí (por razones que no vienen al caso).

¿Qué género literario finges despreciar porque tus amigos intelectuales lo hacen?

No me importa lo que piensen mis amigos intelectuales.

¿Qué autor contemporáneo por el que finges desinterés pero que desearías secretamente haber escrito sus libros?

Creo que este cuestionario me obliga a muchas respuestas negativas. No tengo un autor/a por el que finja desinterés (ese tipo de envidia no es productivo).  Me habría gustado haber escrito varios poemas de Raúl Hernández Novás y de Legna Rodríguez Iglesias, dos autores casi opuestos en estilo y actitud.

¿Cuántos libros tienes pendientes de leer y cuántos sigues comprando igual al mes?

En la lista hay varios autores que provocan orgasmos a mis amigos intelectuales: Pynchon y Thomas Bernhard. Lo que decía antes de las fascinaciones que hacen época (en este caso un tanto elitistas).  Sin embargo, no los he comprado aún. Compro por impulso, según mi estado de ánimo, y a veces se juntan estilos y temas muy dispares en la casilla de Amazon. Por ejemplo, la semana pasada adquirí For Whom the Bell Tolls, así, en inglés –no lo había leído en el idioma original y quería paladear la forma más sucinta de un idioma que es, en sí, sucinto. Lo compré con El ruido y la furia (The Sound and the Fury) en español, porque la disciplina no me alcanza para leer a Faulkner en inglés.

¿Qué escena literaria te hizo cerrar el libro y mirar al techo como si hubieras vivido algo?

No fue una novela ni un relato, fueron las cartas entre Paul Celan e Ingeborg. La incomunicación, la (des)esperanza.

¿Qué libro regalarías solo para poner a prueba si alguien es digno de ti?

No regalo libros para poner a prueba a las personas.

¿Cuál es el crimen literario más atroz? ¿Doblar las páginas, subrayar los libros, o no leer?

No leer.  Es un crimen, no sé si atroz.

¿Lees la solapa del autor antes de empezar un libro, o prefieres arruinarte la experiencia después?

Sí, leo la solapa, aunque ya conozca la trayectoria. Me interesa cómo las editoriales categorizan, clasifican, estrujan y venden.

¿Qué biblioteca ficticia mereces según tu nivel de neurosis literaria?

La biblioteca de Babel (quizá una respuesta esperada).

¿Has robado un libro alguna vez? ¿Cuál(es)?

Sí, lo dije antes. El último fue Rigodón, pero no en La Habana.

¿Cuál es tu mayor logro como lector: sobrevivir a Ulises o terminar El Quijote?

Se me ocurrió empezar a leer Ulises en inglés. Fue recién llegada a Estados Unidos, hace 18 años. Rebasé la página 40. Nunca más regresé. El Quijote lo he abrazado, me he dormido con él, pero es una novela que he leído en desorden.

¿Qué libro te habría gustado escribir solo para poder firmarlo y presumirlo?

Elijo dos: Los detectives salvajes y Ficciones (este último el repositorio-diálogo de dos). El primero, Los detectives… me parece el libro más divertido que se haya escrito; sobre todo después que comienza el periplo trasatlántico, aunque el episodio de Tlatelolco reconstruido desde un baño de la universidad es absolutamente genial. Cada supuesto testimonio equivale a una intensidad, algo así como morir cien veces. Por su parte, Ficciones es tan copioso en su brevedad como la metáfora de la ruina circular –esa de la memoria.

¿A qué edad te diste cuenta de que leer no te hacía mejor persona, solo más insoportable?

No sé si fueron los libros; creo que la neurosis de los estudios de doctorado me convirtió en algo de isla. Aunque todavía soy soportable.

¿Qué personaje secundario merecía más protagonismo que el principal?

No se me ocurre ninguno. No me interesa reescribir la literatura ni tampoco “speak back” como hizo Jean Rhys.

¿Cuántos marcapáginas posees, y cuántos usas realmente (más allá del ticket de lotería que, por supuesto, no ganaste)?

En realidad, uso lo que esté al alcance. Guardo los marcapáginas como pequeños tesoros.

¿Qué autor te parece brillante, pero preferirías no tener cerca en una cena?

Borges me parece brillante, sería un placer tenerlo cerca y escucharlo hablar de la cábala y de asociaciones literarias impensables; sin embargo, no creo que me apetecería tenerlo de compañía en una cena (y aquí aduzco una razón nada intelectual): me lo imagino salpicando la comida de saliva (sin darse cuenta, por supuesto).

¿Qué frase usas para justificar que no terminas los libros que empiezas?

Estoy ocupada leyendo a otros.

Si tu vida fuera un libro, ¿en qué estante de la librería la encontraríamos: “drama innecesario”, “ficción pretenciosa”, o “ensayo sobre la decepción”?

El primer estante.

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