56
Me resulta imposible pensar en un filósofo, un hombre filosófico que no aborrezca comer animales muertos, y que no sea fiel a la dieta pitagórica y empedóclea ya que el viento especulativo lo toca. Esto le es indiferente al hombre político, pero es importantísimo que, en cada lugar público, coma solo, y en todas partes en silencio.
58
Pascal asegura que el Anticristo hará señales. Los periódicos reportan miles de ellas todos los días; nadie las ve.
63
Verdad gritable por los techos de tejas y de pizarra, los rascacielos y las terrazas: desesperarse se está convirtiendo en un destino mundial.
68
¡Gracias, Paul, por liberarnos de los grilletes de la belleza femenina obligatoria en el arte! Madame Cézanne era una mujer entre lo feo y lo insignificante: el esposo mediocremente enamorado le ha dado el mismo peso de realidad formal que a un bodegón de manzanas o los libros de la Sainte-Victoire. Con su propia neutralización de la belleza, Van Gogh le sigue el paso: figuras dolorosas y enfermizas, mujeres que han sufrido mucho y disfrutado poco, sillas sin luz de nalgas, divorciadas de la leyenda humana, camas desiertas de las que no surgirá, ni siquiera mustio, un seno. La emancipación de los cánones dogmáticos de la Belleza, con Egon Schiele y los pobres amantes de la Viena próspera y hambrienta, perdura y se hace definitiva. Pero en este punto se impone arrogante, como refrigerio, la secuela de inalcanzables, engañosas, bellezas del cine… La salvación es Madame Cézanne.
79
El desafío de la ciencia a la filosofía es este: “Sé mi sirviente si quieres sobrevivir”. Para mantenerse libre y no tener que humillarse, la filosofía se retira a las sombras y espera que regresen como su futuro los pensadores presocráticos.
85
Schopenhauer vio en el intestino la encarnación como hambre de la Voluntad metafísica. Heráclito, también allí, señala a los Dioses. La medicina griega, todo menos empírica, descubre en la constipación la concentración de la mente del pensador. Leonardo, horrorizado, muestra solo un tránsito miserable de animales muertos en el sistema gastrointestinal. En la guerra, al atacar al enemigo, el intestino, movido ex alto, perturba irresistiblemente al hombre en armas para mitigar algún exceso en la carnicería.
87
La información se ha absolutizado. Ya no seremos informados de nada. No estar informados (y lo menos posible también sobre el propio cuerpo) protege la razón.
98
Las más brillantes carreras sociales coinciden (¡pero cómo no verlo!) con la más completa desintegración de la personalidad.
100
Es esencial para un actor saber empuñar una rosa.
103
Profundidad de una exclamación. Una frase de una película de Ingmar Bergman (La hora del lobo): “¡Finalmente se alcanza la vergüenza!”. Toda la fuerza se acumula, estalla, en ese finalmente liberador. Las almas a las que se les niega el oasis de la vergüenza de sí mismas y la ebriedad de proclamarlo (aplazamiento sin fin de la exclamación catártica salvadora) viven en una especie de infierno… Hay tiempo hasta el final para decir “finalmente se alcanza la vergüenza”. Cuánto bien puede dar, dejarle saber al lecho de un moribundo que perdida, ilimitadamente, te avergüenzas de no haber querido comprender el significado de su muda imploración.
104
El vudú socrático: sacrificar un gallo a Esculapio para agradecerle haberlo curado de la vida. Fealdad inaceptable de la religión arcaica: el canto del gallo es liberación de los demonios de la noche, es alegría, es belleza ante lucem, ¿cómo pensar en silenciarlo? Lúgubre es el paisaje sonoro donde los gallos ya no cantan.
120
La tecnología electrónica ha deformado a los seres humanos como la cifoescoliosis me ha deformado pérfidamente en la vejez. No volverán a tener una mente habitada por la razón como yo no volveré a tener un cuerpo decente.
128
El ateísmo lingüístico es difícilísimo, requiere esfuerzos, una pena extra. A cada momento decimos Dios, Dios mío, como monoteístas indomables. Hablar de uno mismo en el futuro, incluso en la juventud, sin introducir un Si Dios quiere, huele a mal augurio. Yo lo digo a cada momento.
129
La historia escribe; la realidad es analfabeta.
Fragmentos de Traducción del italiano: Jorge Yglesias.
Imagen: Retrato alegórico de Ana de Austria como Minerva, detalle, década de 1640, de Simon Vouet.





Divino Pablo. El último aspirante a renacentista entre nosotros, pobres mulos del abismo.