Poesía es anormal: Los pasaportes (miniatura II)

El Romanticismo propuso un desarreglo en los sentidos como posibilidad (absoluta) de la poesía. Aunque…, ¿no era aquello, de cierto modo, ya una redundancia? ¿Ser poeta no es padecer este desarreglo ab origine?

Encaramado en el lenguaje como en “su” caballo-visor, el poeta “percibe” los (a)fueras y (a)dentros. Los músculos sanos y rotos de la realidad. Aunque sin poder desmontarse nunca, su mente “inconoce” la pausa.

Insomnio- escritura-repetir. Insomnio-escritura-repetir. Insomnio-escritura-repetir. Insomnio-escritura-repetir. Insomnio- escritura-repetir. Insomnio- escritura-repetir. Insomnio- escritura-repetir. Da capo.

Así el surrealista Crevel, atosigado por la sombra del “gesto último”:

Malabarista

malabarista de palabras

tus oraciones se machacan contra los muros.

Tu angustia -otra nueva cinta frívola-

corona

un cerebro que ha jugado demasiado al juego de las

                                                          equivocaciones. (1)

O aquel, cuya experiencia metafísica y poética fue continuo viaje de retorno por hallar “el camino que lleva a casa”.

La ola de vidrio,

al sentido ordinario imperceptible,

brota en el obscuro seno de la colina,

a sus pies estalla la corriente terráquea.

Quien ha gustado de ella,

quien ha entrado en el monte que separa los dos reinos

y ha mirado al otro lado, al mundo inédito, al domicilio de la Noche

ya no regresa a la agitación del mundo,

al país en el que anida la Luz en sempiterno nerviosismo. (2)

¿Qué celebra aquí Novalis, la noche? ¿A qué canta, a la Noche? ¿O agradece el acceso a la locura: llave que abre los postigos de la percepción, del poema, ¿de lo in-trans-ferible?  ¿No lo ha liberado como un sol negro, de su pérdida ontológica? ¿No ha derretido con sus tornos, junto a la madrugada espumosa de Nerval, al armatoste del trauma…?

Todo poeta es esa niña o niño loco [o divergente] que los padres ‘conducen’ al psiquiatra, Tras consTaTar una “exTrañeza” en la conducTa: trrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr.

Los que escogen el lenguaje, se salvan de la terapia y el electroshock. Los que no ‘obtienen la visión’, adquieren el pasaporte (perenne) de los pabellones psiquiátricos. Y con ello se evaden del dolor (sociopolítico) de la Historia.

Sin embargo, algunos (los más infortunados) descubren la palabra sin poder librarse de la locura. Dádiva doble de un mundo sin Dios, donde el mal establece el orden de los días.

Pensemos, por ejemplo, en Antonín Artaud:

No hay nada que abomine

y execre tanto

como esa idea de espectáculo

de representación

de virtualidad, de no realidad,

ligada a todo lo que se produce y se

muestra (…)

(Se habla de misa negra, pero el

principio y la razón de la misa es

ser negra

no hay misa blanca

cada misa que se reza es un acto sexual más

en la naturaleza liberada.)

(…) como si en realidad se quisiera socia-

-lizar y paralizar al mismo tiempo a los monstruos,

introducir por medio de la escena, de la pantalla

o del micrófono, posibilidades de deflagración (…)

Y la policía de los iniciados (sin que se

sepa) conducen desde siempre la vida a su

ruina (…) Tiene órdenes de desviar hacia el

 teatro, el cine, el micrófono,

y la misa, algo que yo estuve internado 9 años

por haber querido decir y que diré.

Diré ese algo que causa el hambre, las epidemias (…) (3)

En Raul H. Novas, el del pistoletazo en la sien:

En las tardes medrosas
en que no llama nadie a la puerta
y no suenan los timbres y la casa
es un gran frigorífico lleno de silencio
en estas tardes que gravitan sobre los parques

impidiendo la vida y los juegos
-tardes que pesan como un fardo hiriente
sobre los hombros de la estatua inmóvil-
en medio de esta lluvia que no cae y moja
los huesos tan desnudos en la ausencia de voces

sin nadie en mi experiencia I think of you Billy (…)
reconstruyendo mis memorias de piedra
tan pesadas como fuente de sangre
(…) (4)

En Pastorious (‘lírico’ avant‑garde de una herramienta eléctrica que transformó, hasta ‘pronunciarla’ como un fliscorno):

“Teen Town” (5)

En el pintor esquizofrénico Mijaíl Vrúbel. Demonio que observaba el valle de Dikanka sentado sobre una roca, antes de ser internado en la clínica de Serbsky (recinto donde le aplicaron tecnología medieval):

Imagen (6)

En la autora argentina Pizarnik:

Escribir es buscar en el tumulto de los quemados el hueso del brazo que corresponda al hueso de la pierna. Miserable mixtura. (7)

                                                                (…)

Murieron las formas despavoridas y no hubo más un afuera y un adentro. Nadie estaba escuchando el lugar porque el lugar no existía.

Con el propósito de escuchar están escuchando el lugar.

Adentro de tu máscara relampaguea la noche. Te atraviesan con graznidos. Te martillean con pájaros negros. Colores enemigos se unen en la tragedia. (8)

En el poeta ruso Velimir Khlebnikov:

Los contemplo, números

y me aparecen disfrazados de bestias con sus pieles,

las zarpas apoyadas sobre robles descuajados.

Prodigan: unidad entre el serpentino movimiento,

el espinazo del universo y la danza de la palanca.

Permiten comprender los siglos, dientes de una risa entre-cortada.

 

Mis pupilas se han abierto en forma de objeto.

 

Saber: si el dividendo es la unidad, en cuánto

multiplica el “yo”. (9)

And so on…

La lista sería considerable. Aunque, en este minuto meditemos (estrictamente) en el poeta antillano Ángel Escobar:

Yo no soy resultado de un sueño

 ni descendiente del Cid,

pero quiero escribir esta fecha y conservar este papel.

Fue en un barrio situado en la periferia de Occidente,

un barrio

donde hay almendros, edificios feos como decretos,

 una luz polvorienta, y alegrías y angustias

que ya no son de Kierkegaard.

Alamar es el nombre del sitio, y el mar

le da templanza, si es que eso es posible en el Caribe;

el sol se repite en cada piedra

y conversar es un sol, una piedra, un designio.

Allí, sin prisa, la luna no encuentra a nadie culpable. (…)

En este pudridero del mundo

la dicha puede matar un hombre.

Aún no quiero morirme. Sólo anoto:

Alamar, 28 de septiembre de 1983. (10)

Por ende.

¿En qué consiste para el rapsoda este microdrama: [el del] dolor-horror de la locura? ¿En no poderse curar, y estar destinado a describirla? ¿Reconvertirla en artefacto estético? ¿Sujetarla aun cuando la desdeña?

Ya ven.

Insomnio- escritura-repetir. Insomnio-escritura-repetir. Insomnio-escritura-repetir. Insomnio-escritura-repetir. Insomnio- escritura-repetir. Insomnio- escritura-repetir. Insomnio- escritura-repetir. Da capo.

 


NOTAS

(1) “Poema”, René Crevel, Antología de la poesía surrealista, traducción y compilación Aldo Pellegrini, Fabril Editora, Buenos Aires, Argentina, 1961, p. 113.

(2) Novalis, “4”, Himnos a la noche, Traducción: Eduardo Barjau, Editor digital: RLull ePub base r1.2, pdf, 2015.

(3) “Nota”, Antonín Artaud, Para terminar con el juicio de Dios y otros poemas, Traducido por María Irene Bordaberry y Adolfo Vargas, Ediciones Caldén, Buenos Aires, Argentina, 1975 pp. 41-42.

(4) “Sobre el nido del Cuco”, Raúl Hernández Novas, Poesía, Selección y nota introductoria de Norberto Codina, UNAM, D.F., México, 2013, p. 11.

(5) “Teen Town”, Jaco Pastorious, solo de bajo sin trastes (frag), transcripción. // “Teen Town”, Jaco Pastorius, Weather Report’s album Heavy Weather (track 3), Columbia Records, 1977.

(6) “Demonio caído”, boceto y estudio (detalle), título original: “Демон поверженный”, Mijaíl Vrúbel, 1901.

(7)  “IV. Extracción de la piedra de locura”, Alejandra Pizarnik, opus cit., ibidem, p. 137.

(8) “Contemplación”, Alejandra Pizarnik, en Extracción de la piedra de Locura, Alejandra Pizarnik, Obras Completas,edición preparada por Cristina Piña, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 1993, p. 119.

(9) “Números”, Velimir Khlebnikov, Antología poética y estudios críticos, Selección, traducción y presentación de Javier Lentini, Editorial Laia/Barcelona, España, 1994, p. 231.

(10) “Acotación”, Ángel Escobar, Poesía completa, Ediciones Unión, La Habana, Cuba, 2006, p. 329.


Imagen (portada): Rudolf Schwarzkogler, “2.ª acción”, 1965. Cortesía de Galerie Krinzinger, Viena. Fotografía: Ludwig Hoffenreich.

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