Ezra Weston Loomis Pound (1885-1972) es de esos creadores que parece estancarse en un grupo (Generación perdida) o movimientos no tan pasajeros como el imaginismo o el vorticismo, pero su propia obra se lo imposibilita.
Algunos lectores y estudiosos del poeta, músico, traductor y ensayista estadounidense argumentarán que pesó sobre él esa existencia polémica, en la que abrazó tanto el antisemitismo como esos gustos dispersos y chocantes que abrazaron a los prerrafaelitas, la literatura provenzal y hasta la filosofía ocultista, sin dejar de ser con mucho un místico neoromántico. Sus conocimientos de la cultura antigua lo estimularían a volver sobre Dante y las mitologías grecolatinas, aunque antes sobre Confucio y Homero. Para colmo de su curiosidad, admiraba las obras de Shakespeare, el barroco español y el romanticismo. Amigo tanto de William Butler Yeats como de dadaístas y surrealistas; practicante del verso libre, se le ha considerado un modernista expansivo que impulsó a los escritores más disímiles.
Salvado de la pena de muerte por admiradores y sobre todo amigos, se le tildó de loco y hasta lo aislaron. Pero el aislamiento, no se sabe hasta qué punto buscado, motivó sus contantes escrituras poéticas y sus reflexiones sobre su propia creación y la de otros. De ahí la escritura de Pavanas y Divisiones (1918), Cómo leer (1931), El ABC de la lectura(1934)… y uno muy conocido que, en sociedad con amigos, desarrolló y nombró El arte de la poesía (1945), el cual fue comprendido luego en Ensayos literarios de Ezra Pound (1954).
No son abundantes, pero tampoco escasos los libros que llevan el nombre de Poética o Arte Poética, los cuales, como se sabe, rebasan los territorios de la poesía como género. No obstante, están sus volúmenes centrados en la expresión literaria. Este es el caso de El arte de la poesía. Admirado por W.B. Yeats y T.S. Elliot, este último señaló, a propósito de Ezra Pound. Ensayos literarios (Selección y prólogo de T.S. Eliot. Traducción de Julia J. de Natino y Tal Pinto): «Con él aprendemos a apreciar la literatura, a comprender en qué consiste el entrenamiento, el estudio y el aprendizaje al que todo escritor debe someterse».
Quizá no puede darse circunstancia más oportuna para adentrarse en quien propuso su pensamiento sobre la poesía como creación individual; alguien que atrajo y todavía atrae a desiguales sensibilidades. No por gusto Juan Bonilla, en su prólogo a El ABC de la lectura, acaso descifre el porqué de tamaña atracción: «Su lengua, su país, la poesía, la política, la música: su pasión desbordante lo empequeñecía todo. Necesitaba saltar de una disciplina a otra, conectarlas, tender puentes. Tal vez esa era su aspiración esencial».
Ahora, si el lector espera encontrar un tratado o un modelo de cómo decir o hacer poesía, pierde su tiempo. Pound no incurre en esa pedantería transitoria. Por ello, al inicio de El arte de la poesía, declara lo que será su exigencia intelectual en las demás páginas: «La crítica ni limita ni prohíbe. Solo proporciona puntos de partida. Puede despertar al lector desatendido o indiferente poniéndolo sobre aviso». O esta otra: «toda crítica debía ser admitidamente personal. Al final de cuentas el crítico solo puede decir me gusta, o me conmueve, o algo por el estilo. Cuando se nos ha mostrado a sí mismo podemos comprender lo que quiere decir». Si bien pudiera esperarse que al autor de Cantares le concierna solo el verso o la prosa poética, habrá sorpresas en lo relativo a una suerte de crítica abarcadora donde las artes plásticas no estarán ausentes. Cuando él apunta que «al hablar de pintura, quiero decir algo que asocio vagamente con Durero, y Rembrandt, y Velázquez, etc. Y con pintores que apenas conozco, posiblemente Tang y Sung —aunque es posible que haya cambiado las etiquetas—, y con algunos diseños egipcios que deberían probablemente ser considerados como escultura», simula un resbalón que no será nunca caída. Gustaba reservarse muchas opiniones sobre artes plásticas. Pero escribió más de lo que algunos suponen.
Le gustaba Picabia, Brâncuși… En su ensayo «El artista serio» escribió:
La piedra de toque de un arte está en su precisión. Esta precisión adopta índoles variadas y complicadas, y solo el especialista puede determinar si ciertas obras de arte poseen ciertos tipos de precisión. No quiero decir que a una persona inteligente le sea imposible emitir un juicio más o menos sólido respecto a si una obra de arte es buena o no. Por lo común una persona inteligente puede saber si otra tiene buena salud o no. Sin embargo, es más o menos cierto que se necesita un médico hábil para hacer ciertos diagnósticos o para discernir que bajo la apariencia de vigor acecha una enfermedad[1].
Mientras en El arte de la poesía tuvo a bien colar algunas picardías como:
También aprendemos de las artes en qué forma se parece el hombre y en qué forma difiere de otros animales. Aprendemos que ciertos hombres se parecen a menudo más a ciertos animales que a otros hombres de distinta composición. Aprendemos que no todos desean las mismas cosas y que por lo tanto no sería equitativo dar a cada uno dos hectáreas de tierra y una vaca.
Luego, encuéntrese en El arte de la poesía recorridos vivenciales nada desdeñables que, aunque revelan algunas reservas, agrados y disgustos de Pound, como cuando dice que sus «editores actuales sugirieron, o cuando menos uno de ellos sugirió que incluyera en este volumen mis primeras reseñas sobre autores de mi generación. No sé de qué serviría», se quiere alejar de recaídas autobiográficas, pues él no solo desea historiar, sino más bien dialogar con experiencias de otros creadores. Adviértase entonces la crudeza y la agudeza en los juicios de un autor —como aún se admite— poco dado a las interrogaciones en sus juicios.
Se entiende el rigor en quien aspiró y buscó una suerte de lector audaz, pero provisto de cultura. Era de esos pedidos justificables para acercar el lector al poeta y al arte en general porque, como expuso sin que mediaran concesiones: «La gran literatura es sencillamente idioma cargado de significado hasta el máximo de sus posibilidades».
[1] El artista serio y otros ensayos literarios, UNAM, col. Poemas y Ensayos, México, 2001.




