Viena, o el arte de la guerra

El viento de invierno roza la lona de la tienda. Afuera, sobre la llanura blanquecina, se organiza un ejercicio militar: columnas del ejército prusiano avanzan y repliegan, voces breves de mando, el compás de los tambores marca cambios de formación. Sin combate, todo respira contienda.

Invitado a observar las maniobras, el general  Antoine Henri-Jomini ha llegado esa mañana al campamento en  Legnica, baja Silesia. Los generales Carl von Clausewitz  y  August Neidhardt von Gneisenau  dirigen parte del ejercicio y han dispuesto la tienda, siguiendo sobre mapa lo ocurrido en terreno. No lejos de la entrada arde pequeño fogón; olor a leña húmeda a intervalos, cuero y lana mojada de los capotes. En la tienda, una mesa pesada sostiene mapas fijados con fichas de madera. La lámpara al centro proyecta luz amarillenta; el resto en penumbra.

Jomini lleva casaca de estado mayor de corte francés, paño azul profundo, ceñida al torso en dos hileras de botones dorados. Cuello alto, discretamente bordado; sobre los hombros descansan charreteras de fleco corto, algo aplastadas por el viaje. Bajo la casaca asoma chaleco claro del que cuelga cadena de reloj. Pantalones de montar, gris azulados, se hunden en botas altas de cuero ennegrecido por la nieve del campo. Se detiene junto a la mesa del mapa y alisa guías del bigote, perfectamente curvadas. Ajusta guante sobre la palma. Mira el mapa, ladea apenas la cabeza, la uña del pulgar raspa diminuta mota de polvo al borde de la mesa. La lona se levanta y deja pasar ráfaga de aire frío.

Entra Clausewitz. Su presencia guarda atisbo adusto y mañoso. Se acerca al mapa con naturalidad, maniobrando a la manera del cuartel prusiano. Sacude nieve del hombro de la casaca —azul Prusia, de estado mayor, paño grueso— deja los guantes sobre la mesa; ningún guiño superfluo. Botones dorados han perdido viso; cuello alto ligeramente abierto. Sus botas traen barro helado del campo de maniobras. Se arrima al mapa, endereza una ficha inclinada. Solo entonces levanta la mirada hacia Jomini.

 

CLAUSEWITZ

Herr Jomini, bienvenido a Prusia. Afuera intentamos un pequeño experimento.

Ver si los soldados obedecen al mapa, o si el mapa termina obedeciendo los soldados.

JOMINI

General von Clausewitz. Debo admitir mi curiosidad por conocer al autor de Vom Kriege.

(Clausewitz hace pequeño gesto con la mano, restando importancia.)

 CLAUSEWITZ

Me temo que el libro me persigue más de lo que quisiera.

(Mirando el mapa.)

Presiento que usted ha leído con espíritu crítico.

(Jomini camina hacia la mesa con calma.)

JOMINI

He leído con interés… y cierta admiración.

(Clausewitz levanta una ceja.)

Especialmente eso, que la guerra no pueda separarse de la política.

Observación incómoda que usted —se esté o no de acuerdo— la justifica.

CLAUSEWITZ

Agradezco la cortesía.

(Esboza leve inclinación; la duda le roza el gesto.)

Debo confesar: también he estudiado con atención su libro El arte de la guerra.

JOMINI

(Satisfecho en silencio, hace girar el compás entre los dedos.)

¿Ah sí?

CLAUSEWITZ

El tercer capítulo sobre estrategia militar ha provocado más discusiones entre nuestros oficiales que varias guerras menores.

(Sonrisa geométrica.)

JOMINI

¿Significa eso que los oficiales prusianos tienen tiempo libre?

 CLAUSEWITZ

Solo si no pierden batallas.

(Sonrisa pudorosa, silencio compartido.)

JOMINI

En cualquier caso, su libro tiene una virtud que rara vez encuentro en tratados militares.

CLAUSEWITZ

¿Cuál?

JOMINI

Hace pensar.

CLAUSEWITZ

(Responde con calma que opone reluctancia.)

El suyo profesa otra virtud rara.

JOMINI

¿Ah?

CLAUSEWITZ

Hace calcular.

(Suspiro de pulmones tácticos.)

JOMINI

Pensar… calcular.

CLAUSEWITZ

Je sais pas, viene a la mente la incursión siciliana de Atenas durante la Guerra del Peloponeso.

El cálculo de Alcibíades: persuadir la asamblea ateniense.

Conquistar a Sicilia y golpear a Esparta.

Razonamiento simétrico: superioridad naval y apoyo de las ciudades sicilianas

JOMINI

¡Quién podría prever!

La expedición quedó atrapada en teatro lejano, decisiones erráticas y refuerzos tardíos.

CLAUSEWITZ

Atenas lidió un mundo político enmarañado. ¡Como si bastara supremacía naval!

El cálculo hinchó la ambición y provocó la catástrofe.

JOMINI

Aunque el contexto sea otro, se parece a la Europa en nuestros días. ¿No?

Me ha parecido una suerte de destino que Europa pueda caber sobre una mesa.

CLAUSEWITZ

(Clausewitz levanta la vista, apenas sonríe.)

Solo cuando se la observa desde lejos.

De cerca, Europa siempre termina dispersándose.

JOMINI

(Saca una pequeña cigarrera de plata bruñida, esquinas suavemente gastadas por el uso.)

¿Le incomoda?

CLAUSEWITZ

En lo absoluto.

JOMINI

(Enciende cigarro con parsimonia. Durante unos segundos solo chisporroteo del fuego.)

Siempre me ha intrigado que tantos generales duden los principios estratégicos.

(Exhala humo en nube contenida.)

Sin principios, la guerra se vuelve chiripa.

CLAUSEWITZ

Eso último sucede muy a menudo.

(Toma la botella y sirve vino en una copa. Luego duda, sirve también la segunda.)

El problema de la guerra… es el mapa que niega el polvo.

(Le ofrece la copa.)


LA BATALLA DE AUSTERLITZ

 JOMINI

Bonaparte respetaba algunas.

(Se inclina a un punto circulado en rojo en el mapa.)

Austerlitz, por ejemplo.

En Europa todavía se habla de la batalla como si hubiese sido un milagro.

CLAUSEWITZ

¿Milagro?

JOMINI

¿Qué tal ejercicio ex profeso?

Bonaparte concedió que su derecha pareciera débil.

CLAUSEWITZ

¿Concedió o… decidió?

JOMINI

Decidió.

Y los aliados hicieron exactamente lo que esperaba: abandonar las alturas.

(Clausewitz mueve una ficha hacia el centro del mapa.)

¿Terreno dominante… cedido a sabiendas?

CLAUSEWITZ

Solo durante unas horas, ¿eh?

(Mano alzada.)

¡El tiempo dicta!

JOMINI

Hay momentos en que el tiempo retorna.

CLAUSEWITZ

¿Retorna, dice?

JOMINI

Sí, columnas separadas hacia un punto justo a tiempo.

El refuerzo llega no antes, no después —en el instante exacto.

(Nadie habla por un momento.)

 CLAUSEWITZ

¿Llega… o no falla?

JOMINI

Basta que no falle.

CLAUSEWITZ

Sin embargo, se depende de ello.

(Jomini sostiene la mirada.)

 JOMINI

Y entonces…

CLAUSEWITZ

Bonaparte arremete en el instante decisivo.

A primera hora de la mañana, la niebla todavía cubriendo el campo.

Las tropas rusas y austríacas descienden de la meseta para encerrar el ala derecha del ejército francés.

JOMINI

 (Sin perder el ritmo.)

Marchan y el centro aliado se ahueca gradualmente.

La niebla se levanta en jirones sobre Pratzen y en ese velo batallones descienden hacia el sur.

Es una marea lenta que abandona la meseta.

Tambores se oyen apagados, como si el aire vacilara dar la orden.

Cada regimiento sigue al anterior, irreflexivamente.

Durante unos minutos —apenas perceptibles para quienes marchan— la cima ha quedado desolada

La guerra raramente ofrece ejemplos tan claros.

Lo he comentado en el análisis de la batalla, Capítulo IV, de mi tratado.

CLAUSEWITZ

(Intercede decidido, sin perder la compostura.)

General, no fue claridad lo que ganó la batalla.

JOMINI

¿Ah no?

(Clausewitz deja vagar la mirada sobre el mapa.)

CLAUSEWITZ

Bonaparte no gana porque vislumbre el momento decisivo –disculpe mi salvedad.

(Pausa suspendida en la nada.)

¡Azuzó al enemigo a abandonarlo!

JOMINI

¿Manipulación estratégica?

CLAUSEWITZ

¡Psicológica!

Tenía grandes oficiales con él.

La infantería de Jean-de-Dieu Soult aparece precisamente cuando el enemigo comienza a cojear.

¿Recuerda Ulm?

JOMINI

60,000 soldados austríacos capturados prácticamente sin batalla decisiva.

Bonaparte maniobra inesperadamente, corta comunicaciones y rutas de retirada.

Aparece en lugares inesperados. Fabrica amenazas simultáneas.

CLAUSEVITZ

¡Mack no comprende! ¿Qué carajo ocurre?

Está rodeado y no sabe.

Espera refuerzos y no llegan.

Se rinde con un ejército intacto.

Voyez-vous ?

JOMINI

(Jomini cierra el compás con un pequeño clic.)

Peut être.

Ese es precisamente el principio.

CLAUSEWITZ

¿Cuál?

JOMINI

(Vacilando, como si la idea no le perteneciera del todo).

El verdadero general no reacciona al enemigo. Lo destina.


ENTRADA DEL MARISCAL DE CAMPO VON GNEISENAU

El toldo de tienda se abre con cuidado. El Mariscal de Campo August Neidhardt von Gneisenau entra y se detiene. Mide espacio; cierra, el ruido exterior se contiene. Lleva bicornio, montado sin ceremonia. Guantes de cuero claro, que deja sobre mesa. Faja rojo-negra, apenas visible bajo casaca. Botas altas de cuero ennegrecido por la marcha, con barro seco cuarteándose en pliegues. Casaca azul oscuro, cerrada hasta cogote, cae sin superfluidad. Rojo del cuello ilustra altivez sin soberbia. Botones dorados y opacos devuelven luz. Ni la espada es visible —si la hay, se disipa en línea del cuerpo. Avanza; no mira el mapa todavía.

CLAUSEWITZ

¡Bienvenido, General!

(Gneisenau asiente, volviéndose hacia la mesa.)

El general Antoine-Henri Jomini nos honra.

(Gneisenau se dirige a Jomini: inclinación precisa, sin exceso.)

JOMINI

(Reverencia formal, no exagerada.)

General: Enchanté de vous rencontrer.

Su reputación le precede.

GNEISENAU

Ebenso, Mein General.

Si estoy aquí, es por la invitación suya y de Herr Clausewitz.

(Jomini expresa una leve cortesía. Clausewitz observa de lejos.)

¿Sabe usted? He enseñado su libro El arte de la guerra en mi clase de Kriegsführung.

JOMINI

Agradezco que incluya mi libro en su syllabus. Gesto de confianza.

Conversábamos Herr Clausewitz y yo de estratagema, de tiempo…

(Pausa. Levanta la vista.)

Aunque todo eso supone algo previo.

(Gneisenau observa, clavado en su sitio.)

Dígame, mariscal —¿cuál es el temor inmediato de Prusia?

(No hay respuesta inmediata.)

GNEISENAU

¿Temor? No es la palabra que usaría.

JOMINI

Elija otra.

GNEISENAU

Cautela.

(Jomini asiente sin ceder.)

JOMINI

¿De quién?

(Gneisenau ojea a Jomini, ojos huidizos.)

GNEISENAU

De nosotros –y el enemigo.

JOMINI

Eso no responde.

GNEISENAU

Responde suficiente.

(Digresión.)

CLAUSEWITZ

Herr Jomini: Europa aparenta equilibrio, no reposo.

El mayor enemigo está dentro.

(Jomini se inclina a Clausewitz en leve deferencia.)

JOMINI

Ahí entra a jugar su idea de Friktion, Libro 1, capítulo 7. “El mayor enemigo no es solo externo”.

(Clausewitz dibuja reverencia sobria).

 GNEISENAU

 (Se lleva la mano a los labios, gesto mínimo.)

Por ejemplo, la Batalla de Jena no fue solo victoria de Bonaparte.

Prusia llevaba años debilitándose por dentro: rigidez doctrinal, mando fragmentado, húbris.

El enemigo exterior activa la fragilidad implícita y ¡cataplás!

(Se deja ir hacia el respaldo, la silla responde con traquido ligero.)

 CLAUSEWITZ

Ahí tiene Rossbach— 1757.

El ejército prusiano de Federico II derrota a una legión franco-imperial mucho más poderosa.

 En una hora, ¡plaf! deshecha.

¿Momento… o error?

GNEISENAU

Genau! Algo siempre se desplaza…

(El brazo adelante, el dedo apuntando.)

 CLAUSEWITZ

Ahí interviene algo que no se enseña en la Preußische Kriegsakademie.

La guerra como percepción incierta.

En Rossbach Federico no maneja reglas —aprovecha el instante.

(La lámpara vacila.)

 JOMINI

(Se raspa la garganta reclamando el centro.)

Volviendo a Europa… no preguntaré por el presente.

Pregunto por lo que sigue.

(El silencio toma la palabra.)

¿Dónde será la próxima guerra?

CLAUSEWITZ

(Sin levantar la voz.)

No es cuestión de dónde.

Es cuándo.


LA BATALLA POR VIENA

GNEISENAU

En Europa eso ya ha comenzado.

Volvamos a la batalla por Viena.

(Circunspección.)

Las fuerzas de Mustafá Paşa embisten hacia la capital cristiana.

La ciudad opone resistencia, pero está al borde del colapso.

JOMINI

¡Sesenta días de asedio!

CLAUSEWITZ

El plan es tomar a Viena intacta.

Las fuerzas otomanas disponen líneas de circunvalación y vigilancia.

Construyen “paralelas” cada vez más cercanas a la muralla.

Infantería y artillería ligera protegen el avance.

¡Guerra sicológica!

GNEISENAU

Ja.

Hambrear y agotar sin arriesgar tropas. En principio luce bien.

La ofensiva de dinamita otomana, soberbia. No hay bastión que aguante eso.

En las brechas, asalto rápido, tropas élites.

CLAUSEWITZ

El 12 de septiembre, desde las alturas de Kahlenberg, fuerzas cristianas atacan en un desplazamiento lateral inesperado.

(Gneisenau inclina apenas la cabeza sobre el mapa, con dos dedos desplaza ficha hacia el flanco, como insinuando irrupción tardía.)

JOMINI

¡La célebre carga de húsares del rey de Polonia quebrando el cerco otomano!

Pensar que las tropas cristianas eran mitad de las turcas y casi no contaban con artillería.

CLAUSEWITZ

Por lo que el alto mando turco no consideró incluir tropas de socorro.

GNEISENAU

(Índice apuntando una esquina oscura de la tienda.)

Casi puedo verlo… las fuerzas de Juan III Sobieski no arremeten de frente, sino desde un costado, arriba.

JOMINI

Un desplazamiento lateral. Cambian el eje del combate y obligan al ejército otomano a girar y reorganizarse.

No los enfrentan —los descolocan.

GNEISENAU

Uso magistral de caballería.

JOMINI

(De pronto, como tomado por un fervor patrio que no controla.)

¡Oh Sobieski! No tu espada, sino tu hora
fue la que partió la noche en dos mitades:
antes, el temor; después, la memoria—
y en medio, tu nombre, fijo como estrella.

(Clausewitz y Gneisenau: “Bravo” a unísono).

GNEISENAU

¿A quién declama?

JOMINI

La guerra de Chocim de Wacław Potocki. Mi tata polaca lo leía cuando niño.

(Gneisenau emocionado reclama la atención con un leve gesto de la mano).

CLAUSEWITZ

Llega a mi mente Gerusalemme liberata, de Tasso.

Permettez-moi ?

(Adopta garbo de rapsoda; Jomini y Clausewitz trémulos.)

Jerusalén, que en lágrimas yacía,
oyó crecer el paso de la gente,
y en el rumor del hierro que venía
tembló el poder del enemigo ausente.

(Aplausos.)

GNEISENAU

(Gneisenau avanza desde la  penumbra, voz retenida, decisión precediendo palabra.)

¡Levántate fiera bra’ de Alejandría que he de llevarte muerto o vivo a los pies de Carlomagno!

De Chanson de Roland. Libro precioso de adolescencia.

(Jomini y Clausewitz palmotean.)

JOMINI

El plan del Gran Visir es discutible… al final, un fracaso.

CLAUSEWITZ

(Negando con la mano.)

El conde Ernst Rüdiger von Starhemberg, jefe de la defensa, ha dejado informes al respecto.

Herr Jomini. No se vale hablar desde el futuro.

JOMINI

Ja, ja, ja. He caído en la trampa. Capítulo 5, Libro II de De la guerra.

“Repasar la batalla mientras ocurre es ya haber salido de ella”.

CLAUSEWITZ

(Sonrisa de doble filo.)

Merci.

El imperio otomano cosechó victorias sobre una Europa feudal dividida y decadente.

Kosovo 1398, Constantinopla 1453, Belgrado 1521, Rodas 1522.

GNEISENAU

Fueron los primeros en usar la pólvora en los asedios.

JOMINI

Con Viena es otra historia. ¿No?

(Mirando a Clausewitz.)

CLAUSEVITZ

En effet.

El Concilio de Trento crea redes: la educación jesuita, el arte barroco, la disciplina religiosa.

Llega el siglo XVII y Europa comienza a pensar en sí misma.

La contrarreforma redefine el mundo católico.

Se reafirma una nueva identidad con capacidad de grandeza social.  

GNEISENAU

(Dirigiéndose a Jomini.)

Aquí entra la noción de “equilibrio” en su libro. Capítulo I, artículo 24.

“Romper el equilibrio enemigo consiste en conservar el suyo propio”.

JOMINI

Merci.

CLAUSEWITZ

No la Europa de hoy, advierto.

JOMINI

À propos, ¿ha leído Ensayo sobre las costumbres de Voltaire?

GNEISENAU

Será el próximo, Danke sehr.

Le recomiendo La guerra de los siete años de Johann Wilhelm von Archenholz.

(Clausewitz se adelanta a la frase desarmándola.)

CLAUSEWITZ

Federico II de Prusia diría: “Estrategia primero, la historia después”.

Conquistar a Europa fue designio inconcluso.

GNEISENAU

¡La toma de Viena significaba tanto!

JOMINI

Belgrado, Sofía y Sarajevo ya eran nodos administrativos y militares otomanos.

El poeta otomano Nefi escribiría Los 100 jinetes de la frontera:

Mil jinetes, en incursiones, éramos alegres como niños;
aquel día, mil jinetes vencimos a un ejército gigante…

Perdonen el desvío. La lírica ¿no es también una forma de política?

GNEISENAU

Natürlich!

Mehmed Pasha y su Libro de consejos.

CLAUSEWITZ

El más sectario de todos, Vani Mehmet Efendi, repetía: “Allah nos devolverá la victoria”.

¡El poder del Islam en el centro mismo del Sacro Imperio!

JOMINI

(Casi interrumpiendo.)

Herr Clausewitz, ¿sabe que sus clases de cultura política otomana en la Kriegsakademie eran famosas en San Petersburgo?

(Clausewitz, mano al pecho, leve reverencia.)

GNEISENAU

Los otomanos penetraron ideológicamente minorías no católicas de Hungría ocupadas por los Hasburgo.

CLAUSEWITZ

¡Hasta prometieron a húngaros el reino de Viena!

(Carcajeos.)

JOMINI

(Con suavidad, casi rompiendo el hechizo.)

Ocasión ideal para fumar.

¡Al aire libre, generales!

Salen los tres. El cambio es inmediato: aire húmedo, tierra revuelta, eco alejado de órdenes que se repiten. Por un instante marchan como si cada uno conservara aún su propio ritmo interior. Jomini y Gneisenau encienden. El humo asciende casi rígido, antes de deshacerse.


VUELTA A LA TIENDA

CLAUSEWITZ

La guerra premia a quien discierne el enigma de la batalla.

(Clausewitz se acerca al fuego y se calienta las manos.)

JOMINI

Batalla es decir estructura.

Con el plan correcto, las tropas encuentran su lugar como cantos de un arco.

(Clausewitz deja escapar una breve tos seca.)

CLAUSEWITZ

Deberá admitir que la realidad afecta los planes. ¿No?

JOMINI

Parecieran dos batallas a la vez: ejército por un lado y realidad por el otro.

CLAUSEWITZ

Cuando el plan militar funciona, usted lo llama ley.

JOMINI

La guerra no es un capricho climático.

CLAUSEWITZ

La guerra consiste en hombres desorientados, caballos cansados.

Órdenes mal dadas, oficiales dudando medio segundo.

(Mirada ascendente, actitud recogida.)

GNEISENAU

También lo nimio.

Mensajero que toma el camino equivocado; el bosque no aparece en el mapa.

Un regimiento avanza cien pasos de más porque el tambor punteó demasiado rápido.

JOMINI

Detalles…

CLAUSEWITZ

Detalles que se acumulan.

JOMINI

Eso es contingencia, no principio.

CLAUSEWITZ

(Dedo índice en alto.)

Es la materia del principio.

JOMINI

(Sonrisa de yo no fui.)

Los ingenieros romanos levantaban puentes sobre ríos más imprevisibles que sus mensajeros.

Y aun así obedecían leyes.

CLAUSEWITZ

El río no discute órdenes.

CLAUSEWITZ

Stimmt! La guerra también resbala.


LA BATALLA DE LEUCTRA

JOMINI

A la mente viene una batalla que estudié en La historia de Grecia de George Grote.

La he discutido con el general Mijaíl Barclay de Tolly en Palacio Catalina.

CLAUSEWITZ

(Dejando caer con naturalidad mecánica.)

Estratega flemático y racional. Uno de los arquitectos de la derrota de Napoleón en Rusia.

GNEISENAU

¿Cuál?

JOMINI

(Breve silencio teatral.)

La batalla de Leuctra. Ha influenciado mi filosofía de la estrategia

CLAUSEWITZ

Mensch! Jenofonte la evoca en sus Helénicas.

GNEISENAU

Y Plutarco, en Vidas paralelas.

JOMINI

Plutarco admiraba a Epaminondas.

Aunque no le da una vida como a Pericles o Alcibíades, el general tebano asoma como ideal de templanza, generosidad, y genio estratégico.

(Gneisenau, ahora atraído de otra manera, casi absorbido.)

CLAUSEWITZ

Epaminondas es un estratega intuitivo.

Advierte pronto que no puede estar en todas partes a la vez.

Fortalece su ala izquierda y debilita el centro: ex profeso.

GNEISENAU

Das ist richtig!

Se trata de aplastar al enemigo.

Fuerza máxima en un punto.

Ahí coloca la élite tebana.

CLAUSEWITZ

(En busca de la palabra exacta.)

Es un orden oblicuo.

No todos avanzan al mismo tiempo: la izquierda embiste primero mientras el flanco se retrasa.

Epaminondas ha creado un desfase del frente.

JOMINI

¿Mi tesis? Epaminondas anticipa el repliegue espartano.

Antes de Leuctra, la norma griega era el choque frontal simétrico.

Epaminondas erige una cuña asimétrica demoledora.  

CLAUSEWITZ

(Con levedad impresionista)

Maniobra extremadamente arriesgada.

Dependía de la cohesión de la Banda Sagrada tebana.

Si el centro falla, todo colapsa.

GNEISENAU

No es ley. Es una victoria única bajo circunstancias específicas.

JOMINI

Herr Clausewitz, ¿no consiste su teoría en explicar por qué la realidad desobedece?

CLAUSEWITZ

No exactamente. Solo tener presente que la realidad no es un diagrama.

JOMINI

(Con la mano limpia polvo del mapa)

Sin embargo, todos estamos inclinados sobre un mapa.

CLAUSEWITZ

(Sonriente, quien ve venir la objeción.)

Incluso el caos necesita una mesa donde ser razonado.

Bonaparte entendía ese eje simbólico.

Los soldados que marchaban con él se sabían parte de algo portentoso.

(Se vuelve hacia Gneisenau.)

GNEISENAU

Se sabían creando la historia.

JOMINI

(Sonriendo con leggerezza.)

De acuerdo, pero la historia también necesita método.

De lo contrario… se convierte en literatura.

GNEISENAU

Y eso, ¿sería tan terrible?

(Jomini resopla alzando la ceja.)

JOMINI

Para el ejército, creo que sí.

(Clausewitz vuelve al mapa.)

CLAUSEWITZ

Cuando los prusianos confiaron demasiado en su tradición… les sorprendió la Batalla de Jena.

(Mirada mineral.)

Un ejército respetable macerándose en una tarde. Lección insólita.

(Se queda observando el mapa, como si aún pudiera ver los movimientos.)

JOMINI

(Interrumpiendo, a la vez que prende un cigarro.)

Una lección estratégica.

GNEISENAU

También política: La concentración vence la dispersión.

Elige, concentra y decide.

Herr Clausewitz lo ha dicho claro.

Acápite 26, Libro I: “Cada guerra debe tomarse como un acto político”.

(Jomini se acerca a la ventana. Sopla sobre el vidrio empañado y mira la oscuridad.)

JOMINI

¿Ha aprendido Europa esas lecciones?

(Se vuelve.)

Después del Congreso de Viena, la palabra en boga es “equilibrio”.

(Toma humo y un breve aplazamiento.)

CLAUSEWITZ

Palabra diplomática.

El Congreso de Viena dibuja una paz ilusoria, como si la guerra fuese un desliz.

JOMINI

Metternich organiza la paz europea como si la guerra hubiese sido un accidente.

(Se sacude una pequeña mota de ceniza que ha caído en su manga.)

CLAUSEWITZ

Al fin y al cabo, la paz europea siempre ha sido un intervalo.

(Casi declamado)

JOMINI

Intervalo que convendría ajustar con sagacidad.

(Señala el mapa con la punta del cigarro.)

CLAUSEWITZ

(Frunciendo el ceño.)

La guerra es otro modo de continuar esa conversación.

JOMINI

(Prende otro cigarro. Deja el humo subir en silencio. )

General, ¿cree usted que Europa cometerá los mismos errores?

CLAUSEWITZ

Europa no repite errores.

(Se detiene un segundo, trazando la próxima frase.)

Europa los perfecciona.

(La lona se abre apenas. Asoma un oficial, rígido en el saludo).

—Generales, la práctica está lista.


EPÍLOGO

La frase queda suspendida, fuera de tiempo. El oficial, desconcertado, se retira. El campo espera: líneas dispuestas, hombres inmóviles, formación a la espera de órdenes. Algo en los tres ha cedido tácitamente. Se miran como si cada uno reconociera en el otro una advertencia oportuna. El humo del campamento eleva la escena. Rostros y voces se disuelven en el éter. Líneas, flechas, puntos, ceden. Viena es apenas un nombre. El asedio se condensa en un ascenso casi invisible. La historia persiste: retorna.

2 comentarios en “Viena, o el arte de la guerra”

  1. Jose Prats Sariol

    Karl Kraus entra a la carpa, les sonríe sin buen humor, más bien se trata de una ironía encubierta a los tratados de la guerra… Triff supo, sabe.

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