Muy rebajada tiene que estar una época para descubrir valentía y audacia en el acto tan sencillo de expresar su opinión.
Guy Pérez Cisneros
Los comentarios, las críticas y reseñas sobre libros no debieran limitarse solo a cuanto va publicándose en un año en curso. La reseña o el escrito acerca de un libro debería (re)surgir a propósito de los aniversarios cerrados y hasta abiertos de un autor como los de su obra completa —o tan siquiera una sola—, mientras no haya perdido esta casi ninguno de sus valores escriturales y propuestas conceptuales.
La aspiración y el arribo a todo conocimiento, entraña una conquista sufrida en ese primer acto de llegar a conocer y luego en la certidumbre relativa de lo ya poseído, que de alguna forma es saberse también en un adelanto con respecto a la ignorancia mayor, a cierta ingenuidad que tampoco es prudente dejar atrás del todo.
De los más de quince que Guy Pérez Cisneros (París, 1915-La Habana, 1953) dedicó a la cultura, suele ser recordado por su vocación de revistero, tanto en la confección técnica-productiva de obras impresas, como por su labor de crítico y ensayista en los tantos proyectos que colaboró. No se puede, asimismo, soslayar sus crónicas en el periódico Información, las cuales complementaron la faena integradora de Pérez Cisneros como crítico cultural. Tampoco conviene olvidar su tesis doctoral en Filosofía y Letras de 1946 Características de la evolución de la pintura en Cuba (siglos XVI, XVII y primera mitad del siglo XIX) y el catálogo La pintura colonial de Cuba (1950)… Aunque sus más importantes artículos, entre crónicas y prosa crítica pueden localizarse en Las estrategias de un crítico. Antología de la crítica de arte de Guy Pérez Cisneros (Editorial Letras Cubanas, 2000), libro con prólogo de Graziella Pogolotti y la selección y notas de Luz Merino Acosta.
Las estrategias de un crítico, amén de abordar variados asuntos nacionales y foráneos, podría subdividirse en los siguientes grandes temas: La pintura cubana de la colonia, y la de la primera mitad del siglo XX, en especial la de la primera vanguardia; la escultura y la crítica de arte.
Uno de los textos más comentados y citados de Guy Pérez Cisneros es «Presencia de 8 pintores» (conferencia dictada en el salón de la Asociación de Estudiantes de Derecho de la Universidad de La Habana el 2 de junio de 1937). Es su primera crítica de arte de importancia. En primer lugar, resalta su reverencia hacia una exhibición pertinente en la Universidad, por cuanto reúne una «exposición de cuadros, en los cuales hallamos la verdadera expresión de nuestra realidad espiritual, pues han sido pintados en las mismas dificultades en que nosotros hemos vivido, por pintores que han querido explicarnos a nosotros mismos»[1]. Por tanto, Guy Pérez Cisneros —como diría Ortega y Gasset— se dispone a preparar la mirada del espectador para la obra del autor, si bien antes y durante toda la conferencia asoma algún que otro convite ético, relativo al valor de la crítica de arte, la que tiene que ejercerse por el conocedor de la obra y del artista. No en balde acota: «Démonos cuenta de que el diletante y el aficionado lo están invadiendo todo, cuando no es el hombre sin situación, que al amparo de su miseria, se instala en puestos que debieran ser reservados a hombres del más comprobado valer».[2] Pues los artistas necesitan del público, pero no de cualquiera, sino del entrenado en la mirada.
De los ocho pintores (Fidelio Ponce, Arístides Fernández, Amelia Pelález, Antonio Gattorno, Carlos Enríquez, Víctor Manuel, Jorge Arche, Eduardo Abela), quienes salen mejor parados son Arístides Fernández y sobre todo Abela, que según Guy, es «el que tiene la reacción de más vitalidad» y luego le atribuye a su obra algo un tanto discutible: «Se reconoce en su pintura el sentimiento de que el arte tiene que despertar la sensibilidad de un pueblo»,[3] cuando ello debiera darse y se da, de hecho, a la inversa. Luego el crítico esboza los principales rasgos de un programa ideoestético y artístico pretencioso y limitado porque como apunta Graziella Pogolotti en el prólogo a Las estrategias…: «El campo de batalla aún está mal definido». En fin, Guy Pérez Cisneros en «Presencia… se muestra muy atrevido, irónico e injusto en algunas de sus valoraciones. Carece aún de un tono crítico y de una visión de conjunto, que alcanzará en menos de un lustro con textos más extensos y agudos.
En «Guy Pérez Cisneros, a seis décadas de su tránsito»,[4] su autor Roberto Méndez, destaca «Presencia de 8 pintores», «Sexo, símbolo y paisaje; a propósito de Mariano», «La pintura de Cézanne» y «Enlaces de líneas en Portocarrero». Acaso el conocedor agregaría «Víctor Manuel y la pintura cubana contemporánea», texto que puede leerse como una continuación muy irónica —aunque la ironía de Guy no llega a ser mordaz y es típica de su estilo—, hasta cierto punto superada, de «Presencia…, aunque aquí se muestra más panorámico en el objeto de análisis al repasar históricamente los hitos más importantes del discurso plástico cubano desde la colonia hasta los más representativos del siglo XX cubano. Hay un momento del texto donde se refiere a la función mediadora o de guía de la crítica de arte desde su experiencia, una experiencia que él decide compartir y por tanto generalizar: «En mi dedicación al estudio de la pintura cubana me he convencido de que lo que más necesita el público para orientarse en un arte que tan mal conoce aún, es una escala de valores que reparta con decisión los lugares de honor y los demás»[5].
Otros de los aspectos que sobresalen en «Víctor Manuel y la pintura cubana contemporánea» es el relacionado con los pros y los contras de la academia y el paisaje, dos expresiones simultáneas que Pérez Cisneros tiende a separarlas y hasta a establecer sus contrastes en cuanto a conquistas tanto técnico formales como de espíritu y vocación. Ello era una constate en sus conferencias y textos en general. Sin embargo, en 1940, un año antes del escrito mencionado, dicta la conferencia «Paisajismo y Academicismo», en la que recuerda los puntos de contacto entre academia y paisaje para volver sobre lo que bien tiene asimilado. Conviene ahora una cita de mayor cuerpo. Escribe:
Sin embargo, creo que debemos colocar entre Landaluze y Melero, una tendencia pictórica que, siendo en el fondo algo académica, no rehusó enfrentarse con el motivo cubano. Me refiero a la línea paisajista que surge con Chartrand, Cleenewerk, Sanz Carta y que halla aun algunos representantes entre nosotros como mariano Miguel, Domingo Ramos, Canal Ripoll, etc.
Digo que esta tendencia es algo académica, porque tiene como la academia el amor de la fórmula hecha, del resultado seguro. Casi siempre la fórmula es importada de Europa de acuerdo con la moda de la época: con Chartrand y Cleenewerk, reinarán el estilo de la Escuela de Barbizon, la naturaleza aún descolorida, pero ya bien dibujada y segura de los Courbet y de los Rousseau. Con Sanz Carta, ya surgen algunos atisbos del impresionismo español, que se desarrolla grandemente en la algarabía de colores de un Mariano Miguel; finalmente con Ramos y con Canal Ripoll, hallamos a una naturaleza polvoreada de confetti como después de un día de carnaval: ellos abren en Cuba la tendencia del impresionismo internacional de los pintores domingueros.
Y, después de un párrafo, puntualiza:
Sin embargo, estos artistas no pueden llamarse completamente académicos. El solo hecho de enfrentarse con la naturaleza, de abrir los ojos sobre ella indica una vitalidad muy superior a la del pintor encerrado obstinadamente en su atelier. El académico verdadero nunca será paisajista, está demasiado empeñado en obtener una estilización, un compromiso entre lo bonito y lo majestuoso para ocuparse de la verdad[6].
En los textos donde Guy Pérez Cisneros se ocupa de la crítica de arte, esencialmente de la de pintura, sorprende mucho su temprana crónica «Del objeto y del sujeto en la crítica», en el cual revela su método o enfoque abarcador y sustentado en un bagaje cultural admirable: «En crítica de arte no hay más que un camino: mirar la obra, hablar, y añadir: así hablo yo»[7]. En «Cuidado, pinta», confiesa más de una declaración de principios al ir de lo personal a lo que puede ser general:
En el campo de la crítica pues resulta inútil y deprimente la relación sin norte y sin afirmación; engañoso y falaz el “sí” al que algunos “No” rotundos no le den sentido. Al lado del espasacalpismo y del plutarquismo debe levantarse otra escuela que nos tire de lleno en medio de los hechos y de las fuerzas, que nos las revelen amigas o enemigas, que nos den un mundo repleto de materia con dignidad sobre la que la inteligencia, la fuerza y la sensibilidad puedan afirmarse por el resistir o el impulsar. En esto la imaginación debe dar mucho, debe dar la trama, debe señalar la fecha de las comprometidas nupcias finales o el aniversario de la muerte del traidor.
Es en este “novelismo” crítico que intuitivamente al principio, a sabiendas después, me he anclado definitivamente, para gran disgusto de los que en mi novela hacían el papel de Yago.[8]
Si hay un texto que tiene una vigencia increíble, pues es una clase de apreciación artística y lección estética es «La crítica de arte y la prensa», donde él establece la importancia de la crítica en la elevación de la cultura nacional, pero antes reconoce la estrecha relación que tiene que darse entre el creador y su posible receptor, especializado o no. Luego el artista necesita del crítico, a fin de que le posicione la obra ante determinado público, el cual necesita educación en materia de gusto y es preciso concedérsela a través de la prensa, aun gozando de otras posibilidades. Ojo:
Desde luego para esta labor de elevación de la cultura nacional, como la que supone la creación de un público inteligente, es absolutamente indispensable la cooperación del cuarto poder del Estado: de la prensa; es indispensable la crítica en secciones fijas y en manos responsables e independientes; la abundancia de reproducciones de obras nacionales y extranjeras; las traducciones; los escritos orientados hacia una intensa y clara percepción de las obras por el espectador sin muchas preocupaciones de dogmatismos o de datos biográficos demasiado objetivos[9].
Pérez Cisneros aboga por unas condiciones capitales de la buena crítica de cualquier época, o sea, menos terminología enrevesada o menos elementos técnico-formales y la información precisa sobre los artistas. Que un dato biográfico no te explicará la obra. La crítica tiene que repasar cuanto ha acontecido en la plástica, con el propósito de priorizar la pintura en representación de su autor. No en balde reclama:
No podemos realmente consolarnos con esta razón de la incomprensión del público en relación con las obras modernas. Un pueblo para el cual el arte no significa nada pierde su civilización. Todos debemos hacer nuestro esfuerzo para re-adaptar la retina del pueblo ante las obras de arte, y pronunciar, sin literatura surrealista las cuatro o cinco frases suficientes para crear en todo espíritu verdaderamente sensible el apetito y la inteligencia de la pintura moderna, que es la pintura de nuestro siglo, que es la pintura nuestra[10].
Prefirió la crítica con proyecciones ensayísticas a modo de expresión legitimadora y comunicativa de la obra ajena. Lo hizo hasta en sus textos más cortos. Partidario del «crítico como artista» de Oscar Wilde, era poseedor de un discurso sagaz, atrevido y necesario. En cuestiones culturales estaba al tanto de cuanto acontecía en Cuba y el extranjero. Junto a las prosas destacadas de Jorge Mañach y José Lezama Lima —hubo otras como las de Gómez Sicre, Ichaso, Suárez Solís…— sobresale Guy Pérez Cisneros aún en este país, donde muchos ejercen un criterio que tiende a durar lo que dura un merengue en la puerta de la escuela.
Notas
[1] Las estrategias de un crítico. Antología de la crítica de arte de Guy Pérez Cisneros. Prólogo de Graziella Pogolotti. Selección y notas de Luz Merino Acosta. Editorial Letras Cubanas, p.82.
[2] Ibídem, p.85.
[3] Ibídem, p.89.
[4] Roberto Méndez: «Guy Pérez Cisneros, a seis décadas de su tránsito». Revista Palabra Nueva. Año. XXI, Febrero/2013. No. 226, pp.62-67.
[5] Las estrategias de un crítico: p.117.
[6] Ibídem, pp. 301-302.
[7] Ibídem, p.24.
[8] Ibídem, p.327.
[9] Ibídem, p.338.
[10] Ibídem, p.342.
Imagen: Recreación en Photoshop, en blanco sobre negro, a partir de un dibujo de Mariano Rodríguez de Guy Pérez Cisneros.




